“San José de la Punilla” (Mallín – Sierras de Córdoba – Otoño de 2019)

El otoño es la estación más adecuada para perderse por caminitos polvorientos de las sierras cordobesas.

Para ello, la Villa de Don Carlos Nicandro posee una situación geográfica inmejorable. Está cerca de todos los sitios conocidos y por conocer.

En el viejo y legendario camino de tierra que une a Tanti con Cosquín, hay varias cosas que merecen detener la marcha y ‘pelar’ el equipo de mate… infaltable.

Y esta es una de ellas: la Capilla de San José.

Para llegar a ella dejamos atrás la Capilla de Tanti, su camposanto, el arroyo El Coyuyo y la Cueva de los Pajaritos… por un serpenteante camino que supo de epopeyas deportivas en los rallys zonales, argentos e internacionales. En épocas de fogatas y ferné.

La Capilla de San José, en el valle de Punilla, es Monumento Histórico a solicitud de la Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos, por Decreto Nº 6284 de fecha 27 de diciembre de 1971.

Su historia está ‘masomenos’ desarrollada en internet… pero aquí prefiero plantarme.

Stop. Click…click.

Así la veo desde lejos, bajo un árbol, sin acercarme mucho pero saltando una tranquera y esquivando ladridos poco amistosos, recordando haber venido en varias ocasiones y jamás encontrarla abierta.

Su interior tiene elementos de valor, según supe… y eso explica algunas precauciones.

Es agradable a la vista y te remite sin escalas a recuerdos puneños… a Salta… a Jujuy… Los recuerdos puneños también tienen que ver con nuestro departamento Punilla… ya que Cosquín tiene ese nombre porque lo gallegos que bajaban del Alto Perú la vieron como: un Cuzco pequeño.

Esta pequeña capilla es de líneas muy simples y sus dimensiones corresponden más bien a un oratorio. Su nave es rectangular con sacristía a la derecha, en correspondencia con el plano de la espadaña, que mostraré otro día, y que nace desde el piso y enmarca la entrada. Tiene dos aberturas para las campanas sobre las cuales hay una cornisa, terminando en un frontón triangular muy simple, con cruz de hierro.

La fachada principal está orientada al nor-noreste y posee un retroceso que genera un pórtico donde se pueden observar la última cabreada de par y nudillo, con el tirante asentado sobre canes labrados, más las terminaciones de las alfajías.

El señor de la estatua ecuestre de nuestra Villa, el de la costanera, recibió aquí los óleos sacramentales el 29 de octubre de 1780, según consta en la foja II del Libro I de Bautismos de la Parroquia de Cosquín.

El padre Petroneo Pupili, bautizó e impuso los óleos a un niño de un año y dos meses de edad… y lo llamaron Juan Bautista Bustos, que con el correr del tiempo sería un prócer de la provincia y del país en formación. Bustos se sintió llamado a bregar por la organización nacional con criterios distintos a los del puerto. Será gobernador de la provincia de Córdoba desde marzo de 1820 a junio de 1829… y permaneció olvidado por la Historia Oficial mitrista-sarmientina.

El actual gobernador Schiaretti, en gestiones pasadas, lo puso en valor, y nosotros ‘ligamos’ esa bella obra de arte. Vaya cosa buena.

En esta capilla lo bautizaron a Bustos… me parece que da para seguir arrimándome… aunque me ladren los perros.

Nota correspondiente a la edición n° 541 del periódico La Jornada, del 29 de mayo de 2019.

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