Por Agustina Sosa

Los científicos nucleados adentro del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), vienen padeciendo desde el año 2016, las consecuencias del recorte y el desmantelamiento que el gobierno de Mauricio Macri sostiene. A estos científicos se suman aquellos doctores que quieren pero no pueden formar parte de dicho organismo: la última convocatoria a la carrera de investigador científico aprobó el ingreso de solamente un 17,7% de los postulantes, dejando fuera a más de dos mil doctores formados en universidades nacionales.

Cuando hablamos de científicos nos imaginamos a esos sujetos de guardapolvos blancos, tubos de ensayos en sus manos y algo despeinados que siempre están encerrados en sus laboratorios. Cuando hablamos del Conicet, siempre podemos estar envueltos en algún tipo de polémica entre quienes consideran a este organismo como una parte fundamental del progreso del país, y aquellos que se encargan de difamarlo bajo categorías como “pérdida total de dinero”, “investigaciones innecesarias”, “plata del Estado para gente que no hace nada”.

Pero lo cierto es que, cuando mencionamos la frase “fuga de cerebros”, recordamos los trágicos episodios de 2000/2001, en un país que dejó ir (¿tal vez deberíamos decir que expulsó?) a cientos de jóvenes científicos hacia miles de kilómetros de distancia.

Científicos en primera persona

Franco Bonafé tiene 28 años y hace cuatro meses terminó su doctorado en Ciencias Químicas en la Universidad Nacional de Córdoba. Pero hace cuatro años, cuando terminó la licenciatura en Química, lo hizo nada más ni nada menos que con un promedio de 9,82, siendo reconocido como el promedio más alto de la Universidad Nacional de Córdoba en aquel momento. En la actualidad, Franco vive en Alemania, lo cual hizo que nuestras conversaciones para elaborar este artículo estuvieran cargadas de mensajes a destiempo y molestias a deshoras en lo que presumo la vida agitada de un investigador.

– ¿En qué parte de Alemania estás viviendo y qué estás haciendo allá?

– FB: estoy comenzando mi nuevo trabajo como postdoc en Hamburgo, Alemania. El tema de trabajo tanto de mi trabajo de doctorado como de postdoc, es el estudio de  la dinámica ultrarrápida (en tiempos menores a 1 picosegundo, esto es, la billonésima parte de un segundo) en moléculas y nanoestructuras bajo iluminación láser, utilizando simulaciones computacionales, resolviendo ecuaciones de la mecánica cuántica y la mecánica clásica de forma numérica. En otras palabras, estudio la interacción de la luz con la materia de forma semiclásica, en distintos sistemas. La importancia de este trabajo radica en que muchos procesos importantes en la vida cotidiana suceden gracias a lo que ocurre en esos tiempos tan cortos, entre ellos las primeras etapas de la fotosíntesis, la separación de carga en celdas solares, la transferencia de carga en fotocatálisis o fotorruptura de moléculas adsorbidas en un sustrato, etc.

– ¿Qué importancia tuvo la educación pública y el Conicet en tu vida?

– FB: Todo esto pude realizarlo gracias a una beca doctoral del CONICET, desde 2014. Si bien a lo largo de los años he ido viviendo el deterioro del poder adquisitivo de estas becas (que se redujo en un 33% entre 2015 y 2019), el contar con una estipendio por 5 años sin tener que preocuparse por conseguir un ingreso u otro financiamiento para poder seguir haciendo el doctorado es algo destacable y que valoro muchísimo. En otros países es normal que el financiamiento sea solo por 3 años. En un caso como el mío, en el que mi campo de trabajo requiere aportes de la física, la matemática, las ciencias de la computación y la química, ese tiempo habría sido insuficiente. También durante el doctorado he sido docente de la Facultad de Ciencias Químicas y he participado de un emprendimiento incubado en la Incubadora de Empresas de la UNC, que tenía como objetivo proveer soluciones de cómputo en la nube a científicos y empresas. Todas estas actividades, posibilitadas gracias a las oportunidades que me proveyó el Estado a través de la Universidad y el CONICET, colaboraron a la formación que me permite desempeñarme hoy como científico en cualquier institución pública de investigación, empresa o emprendimiento. Este ha sido un proceso de formación que llevó 10 años, desde que comencé la Licenciatura en Química hasta que me doctoré, y por el cual estoy eternamente agradecido a todes quienes con sus impuestos sostienen el sistema de educación pública, gratuita e inclusiva, en todos los niveles, del cual me siento muy orgulloso y al cual quiero seguir colaborando desde el lugar que me toque ocupar, para volverlo más público y más inclusivo, porque la educación superior es un derecho y no un privilegio.

Otro caso similar es el de Lucía Lanfri, de 27 años, también doctora en Química. Ella vive actualmente en Bélgica y la conversación (aunque más cotidiana porque además es mi amiga y hemos podido conjugar charlas de zapatos con ciencia) también estuvo impregnada por las diferencias horarias.

– Conociendo tantos países como conocés, ¿cuál es la importancia de que la educación sea gratuita en Argentina?

– LF: Sin dudas, pude estudiar en la UNC gracias a que era gratuita. Mis padres son de clase media y pudieron darme un lugar donde vivir, comida y libros durante mis años de estudios, pero no había plata para ninguna cuota que la UNC pudiera tener. Pagar la contribución estudiantil ya se hacía complicado, no me imagino lo que debe ser tener que afrontar esos costos de matriculación carísimos que tan famosos son entre las universidades privadas. Luego, pude estudiar una carrera de posgrado de alto prestigio como lo es un doctorado. Esto fue gracias al CONICET y a la UNC. Tenía 22 años cuando me recibí de Licenciada en química y no tenía ahorros, sólo la ayuda de mis padres. Un doctorado no se puede hacer con un trabajo en paralelo. Requiere de al menos 8 horas diarias de dedicación completa y esto sin una beca que me permitiera abocarme a mis estudios, hubiera sido imposible. A lo largo de los años, pude estar en contacto con estudiantes de otras universidades, gracias a estancias cortas de investigación en la Universidad de Oxford y Universidad Nacional Chiao-Tung en Taiwán y un curso en la Universidad Grenoble-Alpes en Francia. En otros países las realidades son otras y las hay mejores y peores, como en todo. En Europa, las universidades son caras y el costo de vida es carísimo. Viajar 20 minutos en un tren te sale alrededor de 5 euros. Si no vivís en la ciudad donde haces tus estudios, el transporte es carísimo. Yo viajé desde Carlos Paz a Córdoba durante mi carrera y eso era una opción para mí. Acá hubiera sido impagable. Una habitación para estudiantes en Oxford sale 700 libras por mes. Al costo de vida, súmale las matrículas, los libros (no hay fotocopias allá), etc. En mi familia somos 6 hermanos y todos menos la más chiquita (que aún va a la escuela) fuimos a la universidad. ¿Cómo iban a pagar todo eso mis padres?

Cuando irse es tan difícil como volver

Al ser consultados por sus ambiciones personales dentro de la ciencia y en los países en los que se encuentran, Franco comentó: “Durante el doctorado pude viajar a Alemania varias veces gracias a una colaboración entre nuestro grupo en Córdoba y un grupo en Bremen, Alemania, que no sólo financiaba mis viajes y estadías sino que también me ponía en contacto con otros grupos de Alemania para que vaya a dar seminarios sobre lo que hacemos. Uno de esos seminarios fue en el MPSD, y allí quedó el contacto por el cual me invitaron. Si bien es una muy buena práctica para la gente que trabaja en mi área hacer una instancia postdoctoral en el exterior, ya que al regresar al país permite nutrir al sistema científico en Argentina con nuevos temas de trabajo, colaboraciones y equipos, es distinto hacerlo en una situación donde la ciencia en Argentina se expande, como fue hasta 2015, o en medio de un feroz ajuste como el que se vive hoy en día. No solo lo es porque a la distancia uno ve cómo se asfixian los institutos por la falta de financiamiento o cómo los salarios de mis compañeros y compañeras no les alcanza, sino porque no es difícil predecir que cuando me toque volver, el sistema difícilmente pueda estar recuperado.”

En tanto que Lucía, respecto a su situación viviendo en Argentina, enfatizó: “Durante los últimos años de mi tesis mi director y yo (y estoy segura de que esta es la situación de muchos) pusimos plata de nuestros bolsillos para poder hacer que las cosas funcionen. Ver el esfuerzo de años cayéndose en cámara lenta por el precipicio es desgastante y te rompe el corazón. Cuando terminé el doctorado decidí irme de Argentina porque no veía futuro ahí para mí. Ni siquiera hay buenas ofertas laborales en otros ámbitos. Actualmente no estoy haciendo ciencia y me rehúso a seguir una carrera como científica en el extranjero. Bernardo Houssay dijo que “La ciencia no tiene patria, pero el hombre de ciencia la tiene“. Mi sueño era hacer ciencia en Argentina y por más tristeza que me dé, eso ya no es una opción para mí. Los graduados de doctorado necesitan un ambiente para crecer, no una valija. No está en mis planes que mi familia sea pobre para que yo pueda hacer ciencia, eso no es romántico ni es hermoso verlo como realización de un sueño. Es lamentable”.

Cuando habla de su propósito como profesional y de aquello que extraña de su país natal, la joven científica asegura que: “Mi norte tiene que ver tanto un sentido patriótico y también con algo puramente académico como lo es dejar una especie de legado en el conocimiento que tiene la humanidad sobre cualquier área. Pienso que el objetivo máximo de los científicos es poder contribuir con su granito de arena al desarrollo de la ciencia y resulta muy apasionante porque es que es algo que sale de tu cabeza y lo podés plasmar en un experimento. Creo que para muchos eso es lo que nos enriquece y nos llena. Me recuerdo diseñando experimentos y escuchando una sinfonía de Tchaikovski al mismo tiempo. En un momento así, te das cuenta que estás haciendo algo que es el resultado de siglos de acumulación de conocimientos. Cada movimiento que vas a hacer en el laboratorio es como dirigir una orquesta, donde los músicos son esos grandes y pequeños científicos del pasado, que en otros tiempos ocuparon nuestro lugar y eran como nosotros. Es una responsabilidad muy grande y la satisfacción de ayudar a construir algo como esto es impagable”.

La situación de los científicos que (aún) no se han ido

Alexis Wolfel tiene 27 años y también es doctor en Química. Está haciendo actualmente un postdoctorado y forma parte del Conicet. En sus redes sociales, se puede observar la lucha diaria que lleva junto a sus compañeros para reclamar la desesperante situación que viven y, en nuestro diálogo, necesita explicar y desmitificar varios prejuicios: “Ojalá supiese la gente lo exigente que es pertenecer al sistema científico. No sólo es necesario haber estudiado y haber tenido alto rendimiento en tu carrera, sino que las exigencias se vuelven cada vez más altas con el tiempo. Todos los años tu trabajo es supervisado por otros científicos del país y del mundo. Es un contexto en donde todo el tiempo sos evaluado y con un alto rigor y, por ende, es un trabajo muy demandante de muchas horas diarias. Los niveles de exigencia llevan a que una población muy grande en el área sufra de problemas psicológicos como depresión o ansiedad (hay varios artículos de reconocidas editoriales, como Scienceo Nature, al respecto) y el recorte presupuestario hace que esto se potencie”.

Alexis comenta que hoy, en Conicet, las becas de quienes trabajan en ciencia están por debajo de la línea de pobreza. Además, el número de becas es cada vez menor, lo cual denomina como “la expulsión de cerebros”.

“El dinero asignado a la investigación es cada vez menor y pagado con retraso, donde la inflación hace que al momento de ejecutarlo, tengas la mitad del presupuesto que se había solicitado”, asegura el joven científico.

Durante el mes de abril, 140 directores y vicedirectores de Unidades Ejecutoras del Conicet se reunieron en Córdoba y exigieron un plan de salvataje que establece cuestiones como:

•   Aumento de emergencia del presupuesto del Conicet con magnitud suficiente para garantizar el funcionamiento de los institutos, el cumplimiento de proyectos aprobados y la actualización de los salarios y las becas.

•   Prórroga de las becas de los jóvenes excluidos hasta la resolución del próximo concurso del ingreso a la Carrera del Investigador Científico. Este llamado debe contemplar un aumento sustancial en el número de vacantes a fin de revertir el deterioro sufrido en los últimos años y retomar una senda de crecimiento.

•   La inmediata normalización del Directorio del Conicet con la designación de los miembros electos.

•   La restitución del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, degradado a secretaría de Estado por el presidente Macri.

Restará ver si el actual secretario de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, o el presidente Mauricio Macri se hacen eco del reclamo. Mientras tanto, la calidad de vida de nuestros científicos y científicas tambalea a la par de un proyecto productivo de país y de la educación pública.

¿Cuánto tiempo llevará reparar esta situación y repatriar a los jóvenes que ya se han ido?

Quizás deberíamos tan sólo decir “traer de vuelta”, ya que, evidentemente, el sentimiento patriótico y el agradecimiento a la educación pública y gratuita no se han perdido.

Sean eternos los laureles, y los científicos, que supimos conseguir.

Nota correspondiente a la edición n° 540 del periódico La Jornada, del 24 de abril de 2019.

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1 COMMENT

  1. DESPRECIAR , REGALAR UN RECURSO QUE PERTENECE AL PUEBLO ES UN ACTO DE CORRUPCION , LA CORRUPCION IMPERANTE EN CAMBIEMOS ( Y HABLAMOS DEL RADICALISMO, DEL PRO, COALICION CIVICA ETC… ETC …)DESPRECIA , REGALA LOS CONOCIMIENTOS ADQUIRIDOS POR ESTOS Y TANTOS OTROS JOVENES EN NUESTRAS UNIVERSIDADES , QUE PAGAMOS ENTRE TODOS , ESA MALVERSACION DE FONDOS ES CORRUPCION . ESTA EXELENTE NOTA DE LA PERIODISTA AGUSTINA SOSA NOS MUESTRA ADEMAS , EL CORAZON DE ESTOS JOVENES QUE QUIEREN QUEDARSE EN SU PAIS QUE QUIEREN DEVOLVER A SU PUEBLO ( Y NO LE TENGAMOS MIEDO A LA PALABRA PUEBLO ) ESA EDUCACION GRATUITA

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