Tute: “El arte es fundamental para permanecer a flote”

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Por Agustina Sosa

Se llama Juan Matías Loiseau pero todos lo conocemos como Tute. Hijo del gran historietista Carlos Loiseau (más conocido como Caloi), Tute se consagra como “el mejor dibujante de humor gráfico argentino” según lo definió Quino. Ha publicado más de 10 libros y sus historietas son furor en las redes sociales. Como si fuera poco, acaba de producir un disco de canciones escritas por él, llamado “Canciones Dibujadas”.

Tute habla con una tranquilidad envidiable y elabora cada respuesta como si estuviera dibujándola. Se toma su tiempo, construye metáforas y el resultado son frases impregnadas de poesía y una cierta carga nostálgica. En sus obras hay una fuerte presencia de Borges, Freud y una bien lograda síntesis de todos aquellos aspectos que nos definen como sociedad: fútbol, psicoanálisis, humor y luchas sociales.

Tute suspira cuando habla de su padre, Caloi, y uno puede percibir cuánto lo extraña y admira.

 

– Me crié leyendo a Clemente en Clarín, viendo Caloi en su Tinta y hoy de grande comparto casi a diario tus historietas en mis redes sociales, ¿creés que el humor trasciende generaciones?

– Sí, los autores en general que gozan de popularidad y aceptación en el público suelen cautivar a más de una generación, ¿no? Como es el caso de mi viejo. Desde gente contemporánea a él, nacida en esa misma época, hasta gente que hoy tiene 20 años ha leído las historietas de mi viejo en el diario o en la revista o han visto el programa de televisión, así que sí, creo que trascienden. Nadie es eterno, y las obras también llega un momento en que caen irremediablemente en el olvido, pero bueno es así, así es la vida. Digamos que los grandes artistas tienen el beneficio de quedarse un rato más por acá dando vueltas, aún cuando ya se han ido en cuerpo y alma.

 

– ¿Y sos consciente de que vos también vas a trascender generaciones?

– Ojalá sea así. A veces los padres y madres tienen hijos que siguen un camino similar y otras veces no, de hecho, yo tengo dos hermanos que -si bien están en el camino artístico- no se han dedicado al humor gráfico ni al dibujo. Pero sí es interesante cuándo se da y cómo se da, porque tiene mucho de lindo y atractivo encontrar a un padre y a un hijo que se dedican a lo mismo, pero también es un camino empedrado. Es un lindo camino para recorrer, pero no es enteramente llano. Tiene sus dificultades, está la cuestión de la influencia muy presente. En el psicoanálisis dicen que hay que “matar” al padre en algún momento, simbólicamente, y es exactamente así. En algún momento -si uno se dedica a lo mismo que su papá- tiene que matarlo simbólicamente para poder encontrar su propia identidad.

 

-En tus historietas hablás mucho de psicoanálisis, ¿vas a terapia?

– Hago análisis, sí, desde hace mucho.

 

– Y tus historietas también hablan mucho de fútbol, política, incluso reclamos sociales… ¿creés que son una síntesis de la realidad argentina o al menos de la realidad porteña?

– Yo creo en el humor de autor, y esto es pasar por el propio tamiz la realidad. Y la realidad es absolutamente subjetiva. La realidad es inabarcable, entonces lo que yo hago como autor es pasar por ese tamiz artístico todas las cosas que de algún modo me interesan, que me afectan, que me convocan. Y a eso lo transformo en piezas humorísticas, en cuadritos de humor, en páginas, en canciones, en cortometrajes, en lo que sea. Pero, como te digo, el laburo del humorista gráfico o autor es utilizar en todo caso el humor como herramienta de análisis de la realidad, y esa realidad, como te decía, es subjetiva y parcial, es la que a mí me interesa.

 

– ¿Hay algo de poder “camuflarse” en el humor gráfico que en otros humoristas no pasa? Al no estar parado sobre un escenario, ¿tus personajes hablan por vos?

– El humorista gráfico pertenece a una raza de tímidos. Es una raza tímida por naturaleza. En general el dibujante está solo, es un trabajo muy solitario, sedentario, está ahí con sus dibujitos, les patea los talones a los personajes y los que salen al frente son ellos. Y además hay algo de la observación en el humorista gráfico, que nunca es él el centro, se maneja siempre por la periferia. ¡Para poder observar! Porque el observador debe ser siempre periférico. No puede ser centro y observador al mismo tiempo. Entonces creo que hay en la naturaleza del humorista gráfico, del dibujante, un trabajo de observación que se hace desde los márgenes.

 

-Me imagino que no debe ser un trabajo como el de un oficinista… ¿Cómo trabajás? ¿Tenés un horario especial? ¿Trabajás a la noche? ¿En silencio? ¿Con música?

– Mi sistema es una suerte de caos funcional. No tengo horarios establecidos ni rutinas que se repitan, pero sí funciona a pesar de ser un poco caótico. Tengo algunas cosas que me organizan: para empezar, los cierres del diario, el cierre semanal de la revista. Después, dentro de esa cancha marcada por esas pocas líneas, el juego es bastante libre. Trabajo las ideas en silencio, para poder concentrarme y después una vez que dibujo sí ya pongo la radio, o pongo música, andan mis hijas cerca de mí y no pasa nada.

 

– Leí que dibujás desde chiquito, ¿siempre quisiste ser dibujante?

– Siempre quise ser dibujante. Siempre fui dibujante. Todos, de hecho, nacemos y a los pocos años estamos haciendo nuestros dibujos. Lo que ocurre es que la gran mayoría deja de dibujar (risas) y los que nos dedicamos a esto profesionalmente, en general, nunca dejamos de hacerlo. Pero, si vos te ponés a pensar, casi pegadito con la palabra viene el dibujo como herramienta de expresión de todo ser humano. Después por supuesto para convertirte en un humorista gráfico no basta con dibujar lo que tenés ganas de dibujar, sino que es un trabajo de intelectual. Tenés que pensar una idea, que esa idea tenga un ingenio, que sea graciosa, que llegue a un público de gente que no te conoce requiere de un entrenamiento y termina convirtiéndose en un oficio.

 

-Imagino que tu papá para vos también es un ídolo ¿qué otros humoristas gráficos son tu brújula?

– Hay muchos, de acá y de afuera. Si tuviera que hacer una lista corta, sin duda estarían mi viejo, Quino y Fontanarrosa, en los primeros puestos. Pero también aprendí mucho observando la obra de Sempé, Steinberg, Oski, de mi maestro (Eduardo) Ferro, que fue profesor en la escuela de Garaycochea junto con Carlos Garaycochea durante unos años, al principio, en mi etapa de formación.  La lista es realmente larguísima.

 

– Me hablabas de Quino y Fontanarrosa -además de tu papá- ¿qué te dejaron? En el caso de Fontanarrosa, ¿qué extrañás?

– El Negro Fontanarrosa es un caso particular porque era muy muy amigo de mi viejo y era como de la familia. Era una suerte de tío del interior que solía venir a mi casa, veraneábamos juntas las familias, así que tengo un cariño que excede la admiración profesional y artística. Un tipo al que quería mucho, ¿no? Y que tuve la suerte de aprender mucho, después cuando fui creciendo, y lo fui dimensionando no sólo como persona sino también como artista, como escritor, como humorista gráfico. Tuve la suerte de aprender muchísimo de él. Esto que yo hago hoy todos los días, el cuadro diario sin personajes fijos, es algo que él hizo durante muchos años en la contratapa de Clarín y creo haber aprendido mucho de cómo se construye un chiste mirando como él lo hacía, imaginando cómo se le habían ocurrido las ideas o cómo las iba organizando.

Haciendo un juego que solía hacer que era “deconstruir” los chistes del Negro Fontanarrosa, imaginarme -cuándo no había nada- cómo fue hilvanando esas ideas. Imaginándome cómo hizo. Eso fue una escuela para mí. Y te decía que la parte linda es que finalmente él escribió sobre mi laburo en uno de mis libros, hizo el prólogo, y me mandó una carta muy linda en la que decía que le gustaba mucho lo que hacía y que había puesto mi libro en la mesa del comedor para que todo el mundo que lo iba a visitar se viera obligado a hojearlo. Entonces por primera vez sentí el reconocimiento como de un par, del Negro Fontanarrosa, uno de mis grandes maestros. El otro fue Quino y me pasó algo parecido, porque terminó escribiendo un prólogo muy elogioso sobre mi novela gráfica, y me llamaba por teléfono, y me hablaba de las páginas, por el que también sentí lo mismo, ¿no? ¡Que nuestro gran maestro, Quino!-y ahí sí lo incluyo al Negro Fontanarrosa y a mi viejo porque Quino también fue gran maestro de ellos y admirado por ellos- de pronto me considerara un par, para mí fue el mayor de los premios. Y, digamos, es un premio compartido entre Quino, Fontanarrosa y mi viejo que también en vida llegué a sentir su admiración genuina, no el orgullo de padre que es casi automático sino la admiración por recorridos distintos para llegar al dibujo y a las ideas.

 

– Hablando de ideas, ¿cómo surge la idea de “Canciones Dibujadas”?

– Canciones Dibujadas básicamente tiene que ver con haber unido dos cosas que me apasionan que son la canción y el dibujo. Desde hace un tiempo estoy escribiendo canciones, las fui armando como una especie de repertorio con músicas y letras y de pronto me dieron ganas de hacer de eso: un disco. Aún yo sin cantar y sin tocar instrumentos, ¿no? La verdad es que no me animé a cantar ninguna, pero tenía ganas de que eso se convirtiera en un disco. Sentí que tenía un puñado de canciones interesantes para mostrar. Primero para grabar y después para mostrar. Así que lo que hice es: convocar a un montón de músicos profesionales que son en muchos casos amigos, gente que admiro, para que le pusieran voz y para que pusieran sus instrumentos para interpretar estas canciones. A eso le añadí la idea de que cada canción tuviese un videoclip con dibujos animados en distintas técnicas y por distintos dibujantes. Convoqué un montón de dibujantes que me gusta mucho lo que hacen. Y así con la ayuda, el apoyo y la producción de UN3 que es el canal de la Universidad Tres de Febrero fue que logré hacer este proyecto. Al que se sumó EPSA Music generando un vinilo que va a salir el 13 de diciembre, con un pack, con láminas de imágenes y letras, algo muy lindo. Eso es Canciones Dibujadas. Para esto -te decía- invité mucha gente talentosa, entre ellos Ricardo Mollo y Charo Bogarín que cantan una canción que se estrena en estos días, que se llama “Sabana Esperanzada” y que hice junto a Jaime Torres; Manu Moretti de Estelares; mi hermano, Tomi Loiseau, también canta una canción; Inés Estévez hace un dúo con Hernán Lucero; Víctor Heredia; Rolo Sartorio de La Beriso; Kevin Johansen; Miss Bolivia; Gillespie… una cantidad de gente híper talentosa que le puso voz o instrumentos a este sueño.

 

– Una de las canciones dice: “somos barcos de papel en aguas turbulentas”… parece una descripción de la realidad que nos atraviesa.  ¿Cuál es el consejo de Tute para seguir a flote o salir a flote?

– Mirá, el otro día tuve una entrevista en una radio junto con Rep, nos entrevistaban a los dos juntos. Y Rep dijo una cosa que me quedó grabada y me gustó mucho, dijo lo siguiente: “El arte es el mejor aliado del Hombre”. El ‘hombre’ con mayúsculas, ¿no? Hombres y mujeres. Del ser humano. Y me gusta. Me parece que, para sostenernos, para permanecer a flote, el arte es fundamental.

 

– ¿Cuándo vas a andar por Córdoba?

Pronto, suelo ir seguido. Estuve el anteaño con una muestra grande, creamos Universo Tute, celebrando los 20 años de trabajo, hice primero en Rosario y después en Córdoba, en el marco de la Feria del Libro y estuvo muy lindo. Se armó un gran laberinto con mi laburo, fue mucha gente y estuvo lindo. Y años anteriores también he ido.

 

– Por último, ¿estás escribiendo un libro actualmente?

– Ya entregué en la editorial el libro que sale el 1 de marzo. Se llama “Diario de un hijo” y por primera vez hago un libro autobiográfico, en el que relato la relación con mi viejo desde mi nacimiento hasta su muerte. Así que es un libro bien íntimo y bien distinto al resto.

 

Nota correspondiente a la edición n° 535 del periódico La Jornada, del 28 de noviembre de 2018.

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