A cuatro años de su muerte todavía nos preguntamos: ¿qué pasó con Agustín Briolini?

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El 23 de noviembre de 2014 Krebs tenía previsto presentar oficialmente, y con un show en vivo en la sala principal del teatro del Sol, su primer disco.

Conformada por Agustín Briolini, Gustavo Escobar y Diego Regalí, la banda se había preparado con muchísimo esmero para ese momento.

Pero la alegría le dio paso a la tragedia en cuestión de segundos.

Durante la prueba de sonido Agustín cayó fulminado por una descarga eléctrica que lo alcanzó a través del micrófono. Falleció casi en el acto.

La investigación de la causa quedó en manos del fiscal Ricardo Mazzuchi pero no arrojó, hasta ahora, respuestas sobre lo que sucedió aquel trágico día y quiénes fueron los responsables.

Por la muerte del joven hay tres personas imputadas por homicidio culposo: los sonidistas José Pascual Escalante y Federico Julián Murúa fueron acusados a poco de ocurrido el hecho, mientras que el propietario del teatro del Sol, Osvaldo Pablo Cava, fue imputado en mayo de 2017, cuando la causa estuvo a punto de prescribir. El delito prevé penas de uno a cinco años de prisión, aunque es excarcelable.

La familia del cantante se constituyó en querellante y, desde ese lugar, reclama que la causa sea elevada a juicio. ¿El objetivo? Que la justicia determine quién o quiénes han sido los responsables de la muerte de Agustín.

 

“Estamos muy decepcionados”

“Estamos muy decepcionados. Seguimos esperando una respuesta de la justicia. Han pasado cuatro años y la causa realmente no se ha movido. Está estancada y no hay resultados”, expresó Néstor Briolini, papá de Agustín, a VillaNos Radio. Y recordó que, “después de casi dos años y a punto de prescribir la causa se imputó al dueño del teatro. Y después de un año recién se le tomó declaración indagatoria”.

“Ya está todo peritado. Se hizo un primer peritaje oficial, y después nosotros pusimos un perito de parte y se realizó una nueva pericia y los resultados fueron iguales: el teatro no estaba en condiciones en el sentido que tenía un disyuntor industrial que no sirve para proteger la vida humana, y no estaba conectada la jabalina y cosas por el estilo”, afirmó.

Enfatizó que, “hemos esperado casi cuatro años para que la justicia actúe como lo debe hacer, sin ninguna presión, pero viendo que no se mueve hemos decidido salir a hablar”.

“Queremos que todo el mundo sepa que la causa está parada y no sé si habrá algún interés para eso. Está todo listo para que se eleve a juicio pero no sale de la fiscalía”, recriminó.

Aunque reconoció que, “estamos conscientes que no va ir preso nadie y no vamos a recuperar a Agustín, como familia necesitamos saber quién fue el responsable y decírselo a todo el mundo”.

“Hoy está todo en la nada y tenemos miedo que quede en la nada”, remarcó.

 

“El fiscal debe definir la situación”

La abogada de la familia Briolini, Gisella Rojas, opinó que la causa “está bastante paralizada para lo que la querella espera”.

“El fiscal tiene que definir la situación para ambas pates. Esto es, elevar la causa a juicio o dictar el sobreseimiento”, argumentó.

Para la letrada, durante la investigación penal preparatoria “se ha incorporado todo el material probatorio y creemos que el fiscal está en condiciones de definir la situación”.

“Nosotros queremos que la causa se eleve a juicio para poder trabajar todo el material probatorio en una audiencia oral y pública, y en base a ello determinar si los imputados son penalmente responsables”, afirmó a La Jornada.

“No queremos llegar a la prescripción, y por eso decimos que el fiscal tiene que definir la situación de una vez por todas. Debe ponerle punto final a esto y sacar de la duda a toda la sociedad”, concluyó.

Al cumplirse el cuarto aniversario de la muerte de Agustín, Ezequiel Britos, que en aquel momento era el manager de la banda, publicó en su perfil de Facebook un estremecedor relato de lo acontecido el 23 de noviembre de 2014. El emotivo escrito termina con una pregunta que es la de todos: ¿Qué pasó con Agustín Briolini?

 

Nota correspondiente a la edición n° 535 del periódico La Jornada, del 28 de noviembre de 2018.

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