Marcos Carrizo: “Estamos en una larga noche colonial de una sociedad blanqueada por el discurso”

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8 de noviembre, día de los Afroargentinos: ¿Dónde están los negros en nuestra provincia?

 

Por Felipe Etkin

Intentar comprender las identidades de las personas y las sociedades implica, en primer lugar, desterrar aquellas visiones que pensaban en las culturas como un bloque sólido e impermeable. Probablemente, todas las comunidades del mundo fueron y son objetos de una hibridación permanente que da forma a una identidad que nunca se queda quieta y definitiva; sino que se transforma de manera continua.

¿Quiénes somos los cordobeses? ¿De dónde venimos?

Desde la conformación misma del Estado nacional, a mediados de siglo XIX, esta pregunta fue fundamental para erigir los mitos sobre la existencia de una determinada identidad ‘argentina’. La idea de un país blanco de raigambre europea, desempeñó en este sentido el papel de construir una visión particular para darle forma a una incipiente nación.

Bajo este marco, en la actualidad cobra nuevos bríos la necesidad de repensar esa historia, nuestra historia, y comprender de dónde venimos realmente. Un tejido que se comienza a deshilvanar y muestra que Córdoba también es originaria, campesina, morena y africana.

Marcos Javier Carrizo, historiador y docente de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), es uno de los que decidió agarrar la punta del ovillo para indagar qué había pasado con la población africana en nuestra provincia. Carrizo es contundente al señalar que es imprescindible comprender la esclavitud de personas africanas para entender la sociedad cordobesa de nuestro presente. En 2010 publicó su primer trabajo “Córdoba Morena” y recientemente fue editado el segundo material, “África en Córdoba”.

En este último pretende realizar una síntesis de la historia de la población africana y afrodescendiente en la provincia y analizar el caso de la esclavitud, la invisibilización de lo afro y la permanencia de este colectivo social.

La investigación hace hincapié en el proceso de larga duración inaugurado con la instalación de un sistema colonial que necesitó de la mano de obra esclava, en parte por el agotamiento indígena. En este sentido, se estima que entre 10 y 14 millones de personas fueron secuestradas desde África para erigir las bases de la acumulación de capital de las oligarquías coloniales de América.

La historia contada por Carrizo tiene la irreverencia de recuperar y poner de pie un hecho maldito para la historia oficial; contándola desde abajo y revitalizando una trama colonial contradictoria que vive latente en nuestras venas.

 

– ¿Cómo fue el recorrido desde el primer trabajo hasta este segundo libro?

– En mi primer libro intenté demostrar mediante fuentes judiciales, informes parroquiales y censos que, en Córdoba, al igual que en el resto del país se había operado un proceso de blanqueamiento e invisibilización del enorme colectivo africano que fue llegando a la provincia durante tres siglos hasta 1840. 

El Estado nación fue el encargado de dirigir este proceso a través de discursos de poder y diferentes acciones por parte de las clases gobernantes.

La publicación generó un buen impacto, se dieron a conocer varias novedades y organizaron distintas actividades que ayudaron a difundir la temática. Esto permitió que nos diéramos cuenta sobre la necesidad de producir contenido sobre una historia del afro en general. Por eso en este tiempo se conformó la agrupación Mesa Afro Córdoba con la cual logramos que el ministerio de Educación incluyera en las efemérides escolares el 8 de noviembre como el Día del Afroargentino adecuándose a la ley nacional. Pese a todo esto continuaba faltando la explicación histórica y general sobre la presencia del negro en Córdoba. Esto es lo que se aborda en el segundo libro. Centralmente analizamos los fenómenos de larga duración. Es decir, procesos humanos que estructuran un espacio, una economía y una sociedad; en primer lugar, se trata de la cultura colonial que comienza a estructurarse con la conquista.

 

– ¿Cuál fue el rol de Córdoba en el proceso de esclavitud?

– Tan sólo quince años después de la fundación de la provincia comienzan a ingresar las primeras ventas de esclavos africanos. Esto conforma un tráfico regular de personas esclavizadas hacia tres grandes mercados en la región: Potosí, Lima y Chile. En el caso de Córdoba se compran las personas en el puerto de Buenos Aires, luego las traían y en el mercado se las revendían a alguno de estos tres destinos. Es decir, la provincia se desempeñaba como una plaza revendedora. 

A este proceso se le suma la instalación de todas las órdenes religiosas quienes serán los mayores esclavistas de América. A la hora de su expulsión, los Jesuitas tienen alrededor de 18 mil esclavos, las estancias en definitiva eran cárceles para los africanos y afroamericanos.

 

– ¿Qué tipo de ocupaciones tenían los afrodescendientes?

– Desempeñaban actividades rurales y trabajos manuales muy variados sin los cuales la sociedad cordobesa no se hubiera conformado como tal.

Como población libre van a ir ocupando espacios como agregados en zonas fronterizas como Río Cuarto, La Carlota, Villa María; pero estaban presentes en todas las zonas del territorio provincial.

 

– ¿Qué pasó con la población negra?

– Hubo procesos de aculturación. En la sociedad colonial de principios del siglo XIX la población cordobesa era mayoritariamente afromestiza, esto es clave. Europeos conquistadores, indígenas y africanos fueron parte de un proceso muy profundo de mestización.

Por otra parte, la militarización también fue una excusa para decir que todos los negros murieron en la guerra. Eso es falso, el único ejército conformado con mayoría de negros que desaparece es el Ejército de los Andes comandado por San Martín; el resto es una especie de mito. Hay que tener en cuenta que el proceso de africanización llevó muchos años y tuvo gran profundidad en todo el territorio cordobés. Tanto en áreas serranas como en algunos barrios de la capital o de ciudades como Villa Carlos Paz esto se ve claramente. 

 

– ¿Qué sucede con respecto a la autopercepción y la identidad africana en la actualidad?

– La mayoría de las veces obtenemos una negación; la gente no se autopercibe porque la sociedad argentina, a través del sistema educativo y la cultura en general, ha invisibilizado al africano. En la actualidad parecería que solamente son africanos los senegaleses que recién llegan, pero no el serrano que tiene evidente ascendencia negra. Esto es parte de un proceso ‘exitoso’ de la organización nacional. Desde 1860 hasta 1910 se construyó una nación que se presupone blanca según el discurso de los padres fundadores como Sarmiento y sus contemporáneos. La estrategia fue eficiente y blanqueó el país desde lo discursivo.

Es curioso que en el censo del 2010 se incluyó una categoría sobre afrodescendencia; pero muchos colegas docentes me dijeron que no hicieron la pregunta porque no se encontraba bien especificada y en muchos lugares le respondían negativamente cuando era muy evidente la presencia afro. Tiene que ver con cómo una sociedad diseña ciertos discursos sobre ella misma pero no necesariamente se condicen con la realidad: caminando las calles somos más variopintos que lo que se presupone.

 

– ¿Existen nexos entre las ocupaciones laborales que tenían los primeros afroamericanos con los de la actualidad?

– Hay una línea de trabajo que viene avanzando sobre la realidad étnica de las distintas situaciones laborales. Son pocas y escasas investigaciones; sin embargo, podemos decir que el servicio doméstico, la construcción y el personal policial son ámbitos históricos de esta población.

Por otra parte, la problemática del campesinado también esta cruzada por lo étnico. Se trata de sectores que son afromestizos y afroindígenas con los que hay una deuda histórica y una pobreza estructural derivada de aquella situación de esclavitud. De la misma forma que la riqueza se hereda, también se hereda la pobreza.

 

– Nombraste el caso de los senegaleses, ¿hay problemáticas vinculadas?

– Nunca dejó de afluir población de África hacia la Argentina. Pero lo que caracteriza al afrodescendiente, que serían los afroamericanos y afroespañoles, es el proceso de esclavitud, sus ancestros eran esclavos. En los nuevos procesos inmigratorios esto no sucede. También a lo largo del siglo XX podemos ver diferentes movimientos migratorios provenientes de diversas regiones.

No obstante las diferencias, los problemas que tienen hoy (como por ejemplo con la venta ambulante) y los conflictos con autoridades, tienen que ver con un racismo que es estructural pero no es legal; está inscripto en la cotidianeidad pero no en las leyes. Estamos en una larga noche colonial de una sociedad blanqueada por el discurso. Hay una estructura de dominación en la que el negro sigue encarnando todo lo malo y lo no deseado para esa sociedad que se presupone blanca. Si esos mismos vendedores fueran fenotípicamente germánicos o alemanes habría un escándalo que hoy está ausente porque son negros. Continuamos en las largas coordenadas de la historia colonial que nos atraviesa hasta el día de hoy. 

 

– También se trata de una temática novedosa para la academia…

– Yo antes que nada vengo del barrio. Vengo de los sectores populares de barrio Ferreyra de la ciudad de Córdoba donde la mayoría de nuestras abuelas son afrodescendientes. Es una realidad que se repite en muchos sectores de la ciudad y la provincia y desde ahí surge esto.

 

– ¿Cuál es la importancia del Estado y las políticas públicas frente este panorama?

– Es muy necesario que la nación reconozca este estado de situación. El movimiento afroargentino en general es muy reciente, junto con el caso chileno y mexicano. Somos tres países que siempre negaron sus raíces pero que ahora están redescubriéndolas. Hasta el 2015 tuvimos un programa de afrodescendientes enmarcado en el ministerio de Cultura, pero se dio de baja y se fueron desmantelando por decisiones políticas, al igual que otro tipo de iniciativas similares.

En Córdoba desarrollamos acciones iniciales que deberían ser sistemáticas. A su vez, Argentina firmó un convenio con la ONU llamado “Decenio Afrodescendientes 2014-2025” donde se incluyen distintas iniciativas para los Estados. Sin embargo, las políticas públicas pendientes vendrán cuando se materialice la visibilización. Centralmente es necesario producir acciones educativas, becas de investigación, y encarar la defensa de la tierra de las comunidades campesinas. Asimismo, se trata de algo común en toda América, desde la pobreza estructural en Latinoamérica a la criminalización en Estados Unidos y la matanza de líderes sociales en Colombia; todo está enmarcado en la misma estructura. Más allá de las agencias individuales que hacen que algún que otro afrodescendiente haya llegado a puestos de poder, lo elemental es comprender la situación estructural heredada del periodo colonial.

 

Nota correspondiente a la edición n° 534 del periódico La Jornada, del 31 de octubre de 2018.

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