Víctor Acha, 50 años de compromiso con la fe y la realidad

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Por Alejandro Gómez

Repasar, y mucho más aun, sintetizar 50 años de trayectoria de cualquier persona no suele ser tarea sencilla. Y si se trata de alguien como Víctor Saulo Acha, que supo traducir en vivencias, momentos, enseñanzas y acciones –sobre todo acciones- sus creencias, mucho menos aún. Pero intentémoslo.

Mientras estudiaba en la Facultad de Medicina, Acha encontró su vocación sacerdotal y, a los 20 años, ingresó a Seminario Mayor de Córdoba. Allí se formó en la fe cristiana y trabajó con un grupo de seminaristas y el Padre “Vasco” Irazábal en tres comunidades que comprendían los Barrios Comercial, Villa El Libertador y Mirizzi de la ciudad de Córdoba.

El 14 de septiembre de 1968 fue ordenado sacerdote. Su primer destino fue la Parroquia de Villa El Libertador. Allí lideró una sólida comunidad parroquial y la opción pastoral por los más pobres se plasmó en luchas por necesidades concretas como agua, alumbrado, teléfono, escuelas, salud…

Su participación en el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, que recién surgía, se dio en esta misma línea.

A la par de sus tareas como sacerdote Acha trabajó, hasta fines de 1975, la mitad del día como obrero en diversas labores para su sustento.

La decisión de estar cerca de los sectores marginados de la sociedad no fue gratis. Y tanto la comunidad de Villa El Libertador como él mismo, fueron objeto de una feroz persecución por parte de las fuerzas militares y policiales. Para graficar esto, solo alcanza con decir que se realizaron más de una decena de allanamientos en la parroquia hasta que, en noviembre de 1975, decidió partir al exilio. Fueron cinco años fuera de Córdoba. Parte de ese tiempo lo empleó en estudiar en el Instituto del Episcopado Latinoamericano en Colombia.

En enero de 1981 fue designado por el cardenal Raúl Primatesta a cargo de la Parroquia San José en Villa Carlos Paz.

Si bien las características de esta comunidad eran bien diferentes a su primer destino (la parroquia está enclavada en un barrio de clase media) los lineamientos pastorales se mantuvieron. Y al mismo tiempo que se desarrolló una fuerte comunidad con un particular trabajo con familias y jóvenes, el foco también estuvo puesto en acompañar a los más necesitados. Una comprometida labor en el Paraje La Juanita da cuenta de ello.

Pero Acha también tuvo una formidable formación académica. Su especialización en Teología Pastoral Catequística lo llevó a comprometerse en ámbitos educativos, siendo Profesor de Teología Pastoral en el seminario donde se había formado y en el CEFYT, otro centro de formación teológica para seminaristas de comunidades religiosas. Se desempeñó igualmente en responsabilidades en Córdoba y en el país en la conducción de organismos catequísticos del episcopado y formó parte y fue Rector del Instituto Superior de Catequesis Argentino (ISCA) y vicepresidente de la Sociedad de Catequistas Latinoamericanos (SCALA).

En 2001 pasó a la Parroquia Nuestra Señora de Fátima en Cosquín y en 2006 a la Parroquia Nuestra Señora del Valle (conocida como La Cripta) en la ciudad de Córdoba, sucediendo en esa tarea al Padre Guillermo “Quito” Mariani.

Desde 2011 dejó todo cargo institucional, y colabora como sacerdote en algunas actividades de la Parroquia de Tanti y su zona de influencia.

En Villa Carlos Paz, mantiene fuertes lazos con el Refugio Nocturno y Hogar de Tránsito Cura Brochero.

El pasado sábado, a 50 años de la primera misa que ofició en Villa El libertador, volvió a esa parroquia donde celebró el aniversario.

En tiempos donde se reclama coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, rescatar la figura de Víctor Acha nos da certezas de que ese camino es posible.

Durante su paso por Villa Carlos Paz, decenas de personas se vieron fuertemente influenciadas por un mensaje que, desde el Evangelio, invitaba a asumir un compromiso real y concreto por los más necesitados.

Hoy, a los 78 años, puede estar seguro de que vivió, de acuerdo a sus convicciones, un verdadero compromiso con la fe. Y la realidad.

A propósito del aniversario de su ordenación, VillaNos Radio le realizó una extensa entrevista donde habló de todo. Entre otras definiciones aseguró que, “el capitalismo salvaje es la ruina de la sociedad”, que el gobierno nacional que conduce el presidente Macri “es un desastre” y que la característica de la Iglesia es “llegar siempre tarde a los cambios de la sociedad”. También se refirió a la polémica por el proyecto de interrupción voluntaria del embarazo (“estoy en contra del aborto pero a favor de una ley que lo despenalice”), consideró que la humanidad está atravesando “un cambio de época” que será “para bien”, y definió al papa Francisco como “una sorpresa”. Asimismo, sostuvo que el hecho de que la Iglesia haya reconocido el martirio de Monseñor Enrique Angelelli “es un acto de justicia”.

 

– ¿Se pueden comparar tus pensamientos de hoy con los de aquel joven recién ordenado?

– Cuando uno se pone viejo los recuerdos se amontonan y vienen todos juntos.

Siento la misma fuerza interior que tenía entonces. Y mis convicciones siguen siendo las mismas.

Cuando me ordené había comenzado hacía muy poquito el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, una opción muy comprometida con lo social, lo político, la justicia y los pobres… Desde el primer momento comencé a participar de ese grupo que era un movimiento nacional con más 500 sacerdotes de todo el país. Y hoy sigo estando en el Grupo Enrique Angelelli, que comenzó a fines de los 70 y seguimos hasta hoy juntos, reuniéndonos, pensando, escribiendo y pronunciándonos, y tratando de dialogar sobre nuestras convicciones, que siguen siendo las mismas actualizadas por la historia…

El desarrollo de la sociedad nos va poniendo desafíos nuevos, pero la opción por los pobres y la claridad frente a las injusticias siguen vigentes.

En un tiempo le ponía el físico a la tarea. Fui cura obrero cuando estaba en Villa El Libertador y trabajada en distintos oficios que iba consiguiendo. Hacía eso con toda la pasión de decir ‘esto es un testimonio en la Iglesia’. En ese tiempo éramos unos cuantos que teníamos la misma opción. Y después toda la dedicación a la comunidad y comprometerse en los problemas del barrio, agua, luz, pavimento, teléfonos, médicos…

No había nada y había que comprometerse en esas conquistas sociales. Estaba con toda la fuerza.

Hoy ha pasado el tiempo, no vivo como entonces en un sector de pobreza y marginación, pero desde donde estoy, creo que también con la palabra se puede aportar al mismo objetivo, que es la construcción de una sociedad distinta, con comunidades comprometidas con los que más necesitan.

 

– El obispo Enrique Angelelli solía decir que había que vivir ‘con un oído en el pueblo y otro en el Evangelio’, una tarea difícil teniendo en cuenta que el mandato de la jerarquía era mantener a la Iglesia apartada de la sociedad…

– Fue siempre un enfrentamiento. Yo tuve buena relación con el cardenal Primatesta, el obispo que me ordenó cura, y he tenido buenas relaciones con el actual arzobispo (Carlos Ñañez), pero siempre desde mi postura. Hace poco estaba revisando archivos guardados y encontré unas cartas… ¡las cosas que le dije a Primatesta peleando por mil cosas!. Siempre había motivos de discusión respecto a esta postura que era nuestra, de un grupo de sacerdotes y comunidades, que teníamos otra visión del mundo, de la sociedad y también de la Iglesia. Y teníamos por lo tanto otros compromisos.

Mientras la jerarquía se comprometía con los militares, nosotros lo hacíamos con la gente, sobre todo con los más pobres.

Puede sonar medio de agrandado o de mandarse la parte, pero es la realidad y lo que sucedió.

 

– ¿Y cómo te llevás con esa historia en tanto también sos representante de esa estructura?

– Te hago una pregunta. ¿La Coopi tiene cosas que modificar o es perfecta?

 

– Hay cosas que cambiar…

– Bueno, en la Iglesia también. Estoy adentro siempre con la postura de que hay que cambiar lo que no sirve, a mi juicio,

 

– Alguna vez pensaste en abandonar la Iglesia…

– No. Nunca. Siempre fui muy porfiado. Estoy acá y voy a seguir adelante y voy a plantear lo que pienso y lo que siento, y las convicciones que tengo, que no son individuales. Las he elaborado y he madurado especialmente con la gente, pero también con la lectura de otros que saben más que yo.

Estar con la gente, con otros curas que estamos en lo mismo, en contacto con el pensamiento actual contemporáneo… todo eso hay que sumarlo para decir quién soy, qué hago, dónde estoy y qué opciones tengo.

 

– ¿Quiénes son los referentes hoy del Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo?

– Hay sacerdotes como Mariano Oberlin y otros más que están en lugares más humildes y que trabajan con todo su empeño como lo hacíamos nosotros en aquel tiempo. Ahora, integrados en un movimiento esos curas no están. Sí están formando algo pero yo no participo de eso. Se están reuniendo, están conversando y tratando de madurar sus posturas. Será otra versión de lo que nosotros fuimos.

En Córdoba, de aquellos fuera de Quito Mariani y yo ya no quedan vivos de ese movimiento nacional que tuvo vigencia desde el 67 al 72.

 

– Desde el grupo han tenido que atravesar discusiones como las del divorcio o el matrimonio igualitario, que aparecían como mojones en la historia de la Iglesia…

– Nos pronunciamos a favor y nos cayeron con todo el peso de la autoridad. Con Nicolás Alessio, a todos los que habíamos apoyado ese comunicado, nos sentaron en un tribunal para juzgarnos. Fue uno de los tantos enfrentamientos con la autoridad jerárquica de la Iglesia. Pero mantuvimos que nos parecía el camino correcto. Y ahora hicimos un comunicado del grupo Angelelli con respecto a la despenalización del aborto.

 

– Pasa el tiempo y parece que la Iglesia sigue anclada en cuestiones que se resiste a dejar de todas formas…

– Hay mucha incomprensión. Hay mucha gente que dice ‘si, pero el aborto no’, y yo también digo ‘el aborto no’.

Estoy a favor de la vida y digo no al aborto, pero estamos en un país que no tiene que tener la hegemonía de la Iglesia católica. Un país que es parte de un mundo pluralista y donde todas las voces tienen derecho a ser escuchadas. Estamos en un país donde suceden casos gravísimos y dramáticos de la gente que hace abortos clandestinos. Algunos con buena asistencia porque tienen dinero para hacerlo, otros desde su pobreza. Y lo cierto es que la muerte de muchas mujeres y las secuelas siguen siendo muchas. Entonces digo, sí a una ley que legalice el aborto para que todos tengan acceso.

Si en este mundo pluralista hay gente que dice ‘esto se necesita’, el país deberá legislar para ellos también.

 

– ¿Qué ha significado para la Iglesia argentina la designación del papa Francisco?

– Este papa es una sorpresa. Como lo han sido en la historia muchas veces. El papa Juan XXIII también fue una sorpresa. En los años 60, el cónclave para elegir el papa quiso elegir uno de transición, y eligieron ese viejito porque total iba a estar poquitos años. Apenas asumió, Juan XXIII dijo ‘voy a hacer un concilio’ (Vaticano II) y provocó un revuelo que conmocionó no sólo a la Iglesia sino al mundo por el mensaje que surgió de allí.

Y Francisco también fue una sorpresa. Estuve entre los que pensaban, ‘Bergoglio, olvidate, va a ser más de lo mismo, más simpático que Benedicto, más abierto pero nada más’…

Nosotros conocíamos al cardenal Bergoglio, que también se había opuesto a la ley de matrimonio igualitario y al divorcio, y no había mucha confianza. Pero salió este hombre que la apertura que ha tenido en una cantidad de temas es notable. Y ha tenido pronunciamientos fuertísimos particularmente en contra del neoliberalismo y el capitalismo salvaje en el que está viviendo el mundo y que es la ruina de la sociedad en todas partes.

En otras cuestiones va tratando de abrir caminos, pero tiene mucha contra de todo el entorno del Vaticano. Mucha gente muy cerrada, muy conservadora. De modo que este hombre ha planteado un camino que si la Iglesia después de él lo continúa vamos hacia una apertura cada vez mayor a las cuestiones y las problemáticas del mundo de hoy.

De eso se trata. La gran novedad de este papa es que va abriendo ventanas a las problemáticas del mundo actual.

 

– ¿Qué significa que la Iglesia reconozca el martirio de Angelelli?

– Es un acto de justicia. Ya la justicia civil se pronunció condenando a los culpables que quedaban vivos, y mencionando a los otros responsables mediatos de su asesinato. E inmediatamente que sucedió eso la Iglesia de La Rioja, con su obispo que es muy de la línea de Angelelli (Marcelo Colombo), inició la causa de beatificación, e introdujo el pedido en Roma a fines de 2016. La respuesta fue declararlo mártir junto a los curas y al laico que habían matado en julio de 1976.

La figura de todos los que tuvimos algún compromiso ha sido siempre ninguneada, bastardeada, mezquinamente denostada, entonces esto es un acto de justicia. Y lo siguen haciendo mártir. Hace algunos días La Nación sacó una editorial bochornosa y agraviante, donde cuestiona el reconocimiento de la Iglesia del martirio de Angelelli. Son las mismas fuerzas que en su tiempo le hicieron la contra. El mismo sector ideológico.

 

– ¿Y en Córdoba?

– Reinstalar en Córdoba la figura de Angelelli es reinstalar una opción para el mundo, para la sociedad y para la Iglesia también. Escribí un poema donde planteo si la Córdoba que lo expulsó es hoy capaz de abrirle los brazos y recibirlo.

Se fue obispo y volvió mártir.

 

– ¿Cómo definirías estos tiempos?

– Estamos en un cambio de época. Y evidentemente los cambios de época son procesos prolongados. Estamos en medio de la convulsión, navegando en este mar de conflictos y problemáticas, de opciones que van a terminar en un cambio para bien de la humanidad. Pero para que eso se concrete se necesita continuar con los compromisos, con las luchas, con las opciones… la gente que hay hoy en la calle, en cualquier lugar del mundo donde hay conflictos, no existía hace 50 años. Esto significa un pueblo que dice ‘aquí estamos’, ‘quiero opinar’, ‘quiero participar’. Es un cambio muy notable. El protagonismo de las masas va a ser uno de los caminos por los cuales se produzcan cambios profundos en la humanidad.

La justicia que no existe desde arriba, debe ser reclamada, propuesta y algún día ejercida por los que están abajo.

 

– ¿La Iglesia acompaña estos cambios?

– A su modo. La Iglesia va a ir cambiando por la fuerza que le exige la sociedad en que vive.

 

– Parece que avanza a ritmo más lento que la sociedad…

– Sí. Siempre ha sido su característica. Llegar tarde. Hay una cosa que han dicho muchos y que la asumo, la Iglesia debe dejar de estar segura de sus respuestas, y escuchar las preguntas, los interrogantes que están en la vida de la gente, en la calle, en el interior de las personas.

Cuando la Iglesia escuche para después hablar, va a hablar a tiempo.

 

– A nivel personal, ¿cómo te encuentra este 50 aniversario de tu ordenación?

– A nivel personal muy bien, me siento con la misma fuerza que he tenido siempre para presentar mis opciones.

No tengo la fuerza física. Mi físico ha sido siempre muy deteriorado y precario, con problemas graves de salud, pero nunca esas cosas me doblegaron y tampoco ahora. Sigo escribiendo, me piden artículos para algunas revistas, para publicar, algún curso breve  o una charla, sigo en las predicaciones cuando celebro misa los fines de semana planteando lo que creo que debe ser la luz del Evangelio de Jesús en este momento histórico. Es un espacio más limitado y reducido pero le pongo la fuerza que tengo para seguir presentando una visión del mundo y de la Iglesia de la que estoy convencido.

 

– ¿Qué opinión tenés del gobierno nacional actual?

– Es un desastre, para ser suave. La crisis que ha desatado este gobierno en el país no se compara con ninguna de las otras que hemos tenido en la historia. Con 50 años de cura y 78 de vida, he visto todas las crisis desde la mitad del siglo XX en adelante.

Crisis como esta no hubo; en lo político, lo económico y lo social. Con la economía que ha planteado este gobierno, con sucesivos cambios que todos son para peor, se desata la crisis social. Lo político sería otro tema, no solo este gobierno, si no en general, las fuerzas políticas están en una crisis profunda y son parte de ese cambio que hablaba antes y creo que se está produciendo en el mundo. En este cambio de época hay que encontrar otras formas de hacer política y de ejercer la democracia, que hasta ahora es el sistema más adecuado.

 

– Una última reflexión…

– No hay que achicarse. Este momento histórico es difícil, pero si uno lo mira desde lo más profundo puede ser un momento apasionante porque nos toca a todos preguntarnos ‘y cómo seré yo protagonista de este momento histórico’, ‘qué puedo hacer yo en este cambio de época que está viviendo la humanidad’.

 

Ciudadano Destacado

El Concejo de Representantes declaró ‘Ciudadano Destacado’ de Villa Carlos Paz al padre Víctor Acha, al cumplirse este 14 de setiembre el 50º aniversario de su ordenación.

La iniciativa fue impulsada por la edila Natalia Lenci (UCR) y aprobada por unanimidad en la sesión del jueves pasado.

“Nunca espero reconocimientos ni cosas semejantes. Lo que hice siempre en la vida fue pensando que era parte de esta gran humanidad que necesita presencias, y traté de ser presencia donde estuve”, reflexionó.

Y planteó que su designación en la Parroquia San José de nuestra ciudad “fue un gran desafío”.

“Cuando era seminarista con un grupo de compañeros decidimos que nuestra vocación era trabajar con los más pobres. Mi primer lugar fue en Villa El Libertador (Córdoba), luego vine a Carlos Paz y esa misma vocación había que ejercerla en cualquier sector social.

Entonces el desafío fue cómo en una parroquia de gente de clase media seguía con mi opción por los pobres. Y creamos una comunidad que tuvo siempre su mirada puesta allí”, subrayó.

 

Nota correspondiente a la edición n° 532 del semanario La Jornada, del 17 de setiembre de 2018.

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