Córdoba rebelde: la Reforma Universitaria, cien años de actualidad

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Por Felipe Etkin

La Universidad Nacional de Córdoba (UNC) innegablemente es uno de los grandes polos culturales, políticos y académicos de la provincia y el país. En sus 405 años de historia, uno de los hechos más sobresalientes fue el proceso de movilización estudiantil que, en el año 1918, produjo una reforma del sistema universitario a nivel nacional que haría sentir sus efectos en todo el continente americano. En el centenario de la gesta estudiantil, las banderas de los “jóvenes reformistas” son todavía un estandarte de demanda; no obstante, como todo proceso histórico complejo, su legado e interrogantes perviven, se tergiversan y se apropian desde perspectivas políticas irreconciliables.

Durante las primeras horas del corriente año, el presidente Mauricio Macri firmó el decreto 5/2018 que declaraba el “Año del Centenario de la Reforma Universitaria” con el objetivo de “evocar, analizar y actualizar el legado de esta gesta” que “sentó las principales bases del actual sistema universitario nacional”; a su vez, en la vereda del frente, las organizaciones sociales estudiantiles populares y de izquierda recuerdan los sucesos como un ejemplo de lucha frente al sistema capitalista.

A cien años de los sucesos, la Reforma continúa despertando interés, tensiones y sobre todo incomodidades con respecto a qué tanto ha cambiado la educación pública durante ese tiempo y cuáles fueron las banderas del movimiento estudiantil que quedaron tendidas en el camino.

 

Crítica y transformación

La transición entre los siglos XIX y XX estuvo marcada por fuertes tensiones que, a nivel global, desencadenaron sucesos que resultaron constitutivos para las sociedades actuales. El reparto del mundo en mano de pocas potencias imperialistas, el estallido de la Primer Guerra Mundial en 1914 y la Revolución Rusa de 1917 marcaban un contexto convulsionado que trascendía ampliamente las fronteras nacionales. En el caso de Argentina nos encontramos frente a un momento de disputa en el marco del centenario de la gesta independentista iniciada en 1810 y un proceso de búsqueda de democratización política y electoral que, no obstante, continuaría excluyendo de hecho a gran parte de la población como las mujeres y las clases trabajadoras. A su vez, el comienzo del nuevo siglo trajo consigo migraciones masivas desde Europa a nuestro país y la eclosión de nuevas identidades políticas, nuevos gremios y sindicatos y un proceso de movilización y conflictividad creciente en las grandes ciudades. Córdoba, en este escenario, será un caso ejemplar.

Ya para fines de 1917, los estudiantes de la UNC habían manifestado una serie de disconformidades con el sistema educativo; centralmente, atendiendo al dogmatismo clerical, los reglamentos anticuados, la falta de autonomía, el arancelamiento y la marginación política del estudiantado. Fue en junio de 1918 cuando el conflicto estalló, luego de la intervención de la casa de estudios ordenada por el presidente Yrigoyen y el desentendimiento  de los reclamos estudiantiles. Precisamente y ante la elección del católico ortodoxo Antonio Nores como nuevo rector, los estudiantes irrumpieron en el salón de la Casa de Trejo e impidieron la consumación del acto.

En aquellas jornadas, protagonizadas por jóvenes de la pequeña burguesía, hijos de inmigrantes y primeras generaciones de universitarios dentro de sus familias que no pertenecían a las altas clases sociales de la provincia, surgió una agenda de demandas que irá acompañando gran parte de la historia de la educación en el país. Algunas de ellas fueron retratadas ese mismo año en el Manifiesto Liminar, escrito por Deodoro Roca y que pasaría a ser uno de los símbolos de la Reforma y texto fundamental de la Córdoba rebelde.

“En general, suele relatarse la reforma de Córdoba como un acontecimiento eminentemente universitario, una movilización estudiantil o sólo como un tema cultural. Sin embargo, se trató de un proceso de movilización social obrero-estudiantil que tenía como objetivo una reforma integral de la sociedad”, considera Eduardo Díaz de Guijarro, Físico, magister en Ciencia, Tecnología y Sociedad y especialista en historia de las Universidades.

“Los obreros y estudiantes estaban luchando contra el mismo enemigo. El 2 de septiembre de 1918 se realizó un gran acto sindical que terminó con el encarcelamiento de dirigentes estudiantiles por manifestar su apoyo al movimiento obrero. Es decir, todo el rol que asumieron los estudiantes no puede comprenderse sin observar el conjunto de una provincia que se encontraba en plena movilización, con el transporte y los comercios paralizados, hasta faltaba comida durante esa semana”, indicó el académico.

En tal sentido, para  Díaz de Guijarro el fenómeno no puede ser reducido a las discusiones sobre el dogmatismo y los planes de estudio; sino que existían vínculos entre diferentes sectores movilizados de la Córdoba de principios de siglo. Asimismo, el docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA), comentó que las oligarquías que detentaban el poder en la UNC, eran a su vez las dueñas de las fábricas, los campos y los bancos; además de tener los cargos en el gobierno provincial y municipal.

“Por otra parte, en las distintas provincias, los gremios estaban conducidos por el socialismo y el anarcosindicalismo; con perspectivas clasistas muy distintas a las de los burócratas de la actualidad. Sin embargo, el gobierno radical desató una feroz represión a escala nacional que frenó las movilizaciones y generó un retroceso muy grande. Si uno quiere ser riguroso con la historia, tiene que admitir que Yrigoyen estaba en contra de la reforma; pero lo que hacen los radicales es falsificar la historia, dicen que la Reforma se hizo gracias a ellos y se han apoderado de ese legado; y si bien es innegable que hubo estudiantes de esa extracción política en los sucesos, los gobiernos de la UCR nunca fueron impulsores de esos cambios; ni antes, ni ahora”, evaluó el investigador.

Ana Clarisa Agüero, del Programa de Historia y Antropología de la Cultura perteneciente al Instituto de Antropología de Córdoba (CONICET – UNC) considera que es necesario un trabajo de renovación en torno a los relatos habituales de la Reforma e ir a contrapelo de la mistificación de la historia. “Hay una serie de supuestos muy fuertes con la Reforma, se presupone por un lado que estalló sólo en Córdoba, porque Córdoba era muy católica, pero sería reduccionista y tal cosa no se pode sostener”, enunció la Doctora en Historia.

La investigadora considera que es necesario distinguir dos grandes momentos al interior del proceso reformista de 1918, uno ligado a las reivindicaciones académicas y estudiantiles (hasta el mes de mayo); y un segundo momento que tiene que ver con la elección del Rector, que en alguna medida permitió la emergencia del estallido y la fase épica del proceso. “En ese momento se produce una fractura dentro del movimiento estudiantil; entre los que asumieron el legalismo y quienes decidieron impugnar y no acatar al nuevo Rector. Esto dejó un territorio disponible para la radicalización política, que permitió una segunda fase de la Reforma más abierta a la sociedad donde se asume una postura anticlerical que sirvió para nuclear un vasto conjunto heterogéneo de fuerzas políticas, desde liberales a libertarios”, indicó.

En este punto uno de los datos centrales es la búsqueda de solidaridad de parte del movimiento obrero. “Los estudiantes buscan otros sectores que vienen desarrollando un ciclo de movilización anterior; y, a partir de junio, aparece una voluntad de descubrimiento social y de relación entre los sectores estudiantiles y trabajadores; esto es un motivo que va a ser retomado en otros momentos. No implica que, por ejemplo, el Cordobazo en 1969 tenga una línea directa con la Reforma, pero sí aparece un anudamiento que funciona como motivo de unidad capaz de ser retomado en otras situaciones”.

Para Agüero, en la génesis del proceso hay una relación con cierto movimiento asociativo y factores de la coyuntura internacional que generaron un momento de politización que estimuló el conflicto universitario. “Este es el caso de la organización Córdoba Libre que para el año 1918 ya tenía una dimensión municipal y había elaborado un programa de presión legislativa para un conjunto de reformas políticas; esto tuvo una influencia central en el conjunto de los estudiantes; y a su vez, hay todo un proceso de movilización callejera en Córdoba en la que se mezclan muchos motivos políticos y sociales, relacionados también con el antineutralismo frente a la Primera Guerra Mundial”, expresó la docente.

Es bajo tal escenario donde la negativa al candidato a Rector que proponían los estudiantes y el triunfo de Nores, abre un periodo en el que la problemática universitaria se vincula con otras demandas sociales de carácter más integral. “La coyuntura abierta en junio significa, para el estudiantado, la posibilidad de una radicalización entendida como un viraje hacia la izquierda. En este momento surge una nueva vida política universitaria, que ya no es de las camarillas docentes; esto tiene enormes consecuencias, porque significa la introducción de toda una generación al mundo de la política”, concluyó la académica.

Por su parte, la ex rectora y diputada nacional Carolina Scotto destaca que la Reforma tuvo un gran impacto para la creación de nuevas universidades, junto con un conjunto de políticas inclusivas y democratizadoras de la educación. Entre los postulados de los jóvenes del 18, la ex rectora de la UNC destacó las propuestas de autonomía, co-gobierno y la gratuidad de la enseñanza.

“El autogobierno del sistema universitario es un aspecto fundamental, tanto desde la elección de las autoridades a la toma de decisiones para todos los niveles. En la gran mayoría de las universidades del mundo los rectores son elegidos a propuesta de algún grupo selecto de universitarios o queda en mano del Ministerio de Educación o el presidente; por lo que la autonomía de nuestra comunidad universitaria, que tiene la potestad para elegir sus autoridades, es algo distintivo que debe ser defendido”, precisó. A su vez, Scotto subrayó que todos los actores de la institución son incluidos como sujetos políticos -entre ellos: docentes, estudiantes, graduados y no docentes- quienes tienen voz y voto al momento de designar profesores, diseñar el perfil académico y ejecutar un presupuesto.

“En el ideario de la Reforma, estaba presente una idea de renovar constantemente la Universidad para evitar que la enseñanza se anquilose y para asegurar una renovación permanente de los conocimientos y la calidad de los saberes. Eran momentos en los que solamente accedían a la educación las clases más selectas; y para entonces la UNC llevaba más de 300 años formando elites y bases dirigentes. Es decir, la población estudiantil era muy restringida, por lo que la gratuidad era una demanda imprescindible, junto con una flexibilidad en los horarios que permitiera trabajar y estudiar”, expresó la ex diputada.

De acuerdo con Scotto, otro aspecto central era la proyección latinoamericanista del movimiento estudiantil. En este punto, los mismos jóvenes de 1918 se pensaban como parte de un proceso que debía expandirse a toda Latinoamérica; lo cual generó un impacto real en diferentes países de la región. “Actualmente la juventud universitaria del continente reconoce que tiene problemas comunes y a veces los movimientos estudiantiles buscan soluciones compartidas; ahí hay una dimensión geopolítica heredada de la reforma”, consideró.

 

Cien años de luchas vigentes

Analizando la realidad actual, Díaz de Guijarro observó que la única reforma que se concretó es la pérdida de predominio de sectores clericales y dogmáticos en la Universidad; aunque nos encontramos frente a otros actores: “Ahora no está la Iglesia, pero hay poderes internacionales tanto o más poderosos: el capitalismo global, el FMI, la OMC; quienes son los que orientan la educación superior para servir a los intereses de las grandes empresas. Cien años después, y en otros términos estamos en una situación parecida. Las universidades no están puestas al servicio del conjunto de la sociedad ni mucho menos de los sectores más necesitados, que era lo que promovían los dirigentes de 1918”, analizó.

El docente, a su vez, considera que el Manifiesto de 1918 tiene plena vigencia en un contexto donde el gobierno de Cambiemos toma medidas que buscan favorecer la educación privada para formar graduados de elite para dirigir los bancos, las empresas y el gobierno. En definitiva, antes estábamos frente al dogmatismo religioso, ahora frente al dogmatismo del dinero.

“La gravedad de este centenario es que el gobierno ha tenido la audacia de recordar la Reforma, cuando en realidad toman todas las medidas contrarias; todas las reformas impulsadas por Macri contradicen aquellos postulados. En ese momento los estudiantes estaban peleando contra la burguesía y la clase capitalista; en este momento estamos frente a un gobierno de las clases dominantes que gobierna para los empresarios, los ricos y el capital internacional”, sostuvo el investigador.

En tanto, Scotto señaló que existen dos ideas centrales que trascendieron el tiempo; por un lado, que la reforma no podría prosperar sin ser acompañada de una profunda reforma social; y por otro, que esta reforma social podía ser impulsada desde la misma Universidad. “Estos jóvenes proponían que los estudiantes dejen de estar encerrados en sí mismos, y se  pensaban como actores centrales en la transformación social; si hay algo que mantiene vivo el programa del 18 es el hecho de que se revitalice el contenido de ese ideario de acuerdo a las demandas y necesidades de las características cambiantes de la sociedad. No es posible mantener ese programa como un dogma; sin embargo, a cien años, hay que revitalizarlo de manera permanente”, comentó.

Frente al debate de la democratización y la apertura de derechos, y en un contexto de emergencia de movimientos feministas y campañas por la igualdad de género; el rol de la Universidad pública no ha sido impermeable. No obstante, la apertura de lugares para las mujeres y las identidades género no hegemónicas ha sido lenta y aún camina sus primeros pasos. “Aún hay territorios internos a la propia universidad que, por ser mayoritariamente masculinos, se observan diferencias muy notorias en las posibilidades que la mujeres tenemos de acceder a la igualdad de méritos en las mismas posiciones políticas y académicas. Como comunidad Universitaria tenemos que sacudirnos para mantener vivo el espíritu de una mejor democracia”, evaluó quien, hasta entonces, fue la única rectora mujer de la historia de la UNC.

 

Universidad para el pueblo

La larga trayectoria de luchas del movimiento estudiantil latinoamericano ha puesto en el tintero la necesidad de transformar las instituciones académicas elitistas en espacios de formación de libre acceso para el pueblo. Aún en la actualidad, consagrada la gratuidad de la enseñanza y habiendo sido implementadas grandes políticas inclusivas, el ingreso y permanencia universitaria sigue siendo una deuda de la democracia imposibilitada, la mayoría de las veces, por falta de recursos económicos de los estudiantes. A su vez los planes de estudio, métodos y perfil académico son ejes de conflicto que, con el recrudecimiento del neoliberalismo, alejan a la Universidad cada vez más de sus propias bases.

Al momento de pensar cuál es el rol que deben asumir las universidades públicas, Scotto considera que el país necesita graduados “conscientes del esfuerzo que representa para todo el país” la gratuidad de la enseñanza y el carácter público, que “es algo que debemos defender”. Para la ex rectora la mejor defensa es la conciencia de los graduados con respecto a la importancia de invertir en educación pública; lo que a su vez “genera un graduado comprometido con su país y las necesidades de la nación”.

Por su parte, Díaz de Guijarro, indica que -igual que antes- ahora no se puede hablar de una reforma de la Universidad sin pensar una reforma de toda la sociedad. “Se deben cambiar los planes de estudios, los contenidos de las materias y los métodos de enseñanza, buscando desarrollar el espíritu crítico para analizar el mundo, percibir las injusticias y utilizar el conocimiento para resolver eso, no para acentuarlo”, sostuvo el docente.

En la coyuntura actual, y con el peso de la historia sobre las espaldas, la necesidad de renovar la educación superior, como  hace cien años, es imprescindible. Fundamentalmente, para contar -como manifestaba Deodoro- con una libertad más y una vergüenza menos.

 

La juventud argentina de Córdoba a los hombres libres de Sudamérica

“Hombres de una República libre, acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país con una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana. La rebeldía estalla ahora en Córdoba y es violenta porque ahí los tiranos se habían ensoberbecido y era necesario borrar para siempre el recuerdo de los contrarrevolucionarios de Mayo”.

(Fragmento del Manifiesto Liminar, escrito por Deodoro Roca en junio de 1918)

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