PhoTortul (La foto de la semana): “Que pase el que sigue”

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“Que pase el que sigue” (Roma y Roca – Villa Carlos Paz – Otoño de 2018)

Subiendo por la calle Roma, la más larga de mi Villa, lo veo, a la derecha, arriba de lo que debe haber sido una lomita… o una barranquita.

Es un bello chalecito devenido en consultorio, y es un claro ejemplo de cómo se pueden preservar estas joyas arquitectónicas de los 50s., los 60s., adecuándolos a usos diferentes a lo que motivó su construcción.

Fueron levantados con materiales nobles, a no dudarlo, para uso y goce de una familia, que si no me cuentan mal, era la de Don Eleodoro Tántera, el transportista, que llegamos a entrevistar en los 90s. para EncuentroS.

Allí funcionó luego la Hostería Emilia de Alfredo “Chocho” Bertorello, donde hicieron sus primeras travesuras sus hijos: el Ermes y el Dariel. Era una época en donde una casita con 4 o 5 dormitorios, rápidamente se brindaba en hospedería… y el nombre era el de la ama de la Casa, en este caso: Doña Emilia.

Pasaron los años y, allá por 1982, llega el chalecito a manos de un gallego entrañable de los tantos que habitaron y regaron con su sudor esta Villa, Don Casiano Santos, de Horcajo de Montemayor; que antes vivió en el Castillito Namuncurá (será otra PhoTortul quizás), pasando el lejanísimo (hoy más cercano) Puente Negro, con Doña Estela.

Por motivos de “esa lejanía” y la salud malograda de la mujer, se vinieron… pal centro, acá, a este chalecito que nos ocupa.

El nombre que le pusieron, porque ya conté diez mil veces que los chalecitos tenían nombre, era: “Andrés y Judith”. El cartel de hierro forjado hacía mención a su bella nieta que, redundo en decir, se llamaba: Judith… y bueno, también a su nieto (no tan bello, pero examigo mío) que se llama… obvio… adivinaron: Andrés.

Por razones, obvias también, de heredad, le decíamos: “Galleguito”. Ese “Galleguito” simpático, rugbier y bolichero es hoy un corpulento trabajador bancario… y tras este posteo, espero me agilice un préstamo blandito.

De una de esas ventanucas, más precisamente la del altillo, el otrora delgado y ágil adolescente… se fugaba a paso firme (o bien volvía errante) a (y de) sus trapisondas bolicheras… abusando de la “Hospitalidad & Confianza” de sus tiernos abuelitos. Podemos decir que esos alegres pecados juveniles… ya prescribieron.

La Roma tiene mil rincones y recovecos más para ir descubriendo, como fue días atrás la Casita de Pappo. Hoy le tocó a este bello chalecito con detalles coquetos como chimenea, veleta y una gran cactácea; lástima que se perdió el nombre.

No conozco, creo, al Doctor Benítez, pero ya tengo ganas de sacarme un turnito con él. Si hasta me parece escuchar desde la Roca, una puerta que se abre y alguien que dice:

– Que pase el que sigue !!!

Chalecitos de mi Villa… y este de hoy goza de “buena salud” gracias a la medicina del Doctor Benítez.

#LaCalleRoma

#ChalecitosSerranos

#BarrioCuCú

 

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Nota correspondiente a la edición n° 516 del semanario La Jornada, del 28 de mayo de 2018.

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