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Por Jorgelina Quinteros

“En esta temporada podemos poner el cartelito ‘No hay mas localidades’. Está prácticamente lleno en cuanto al alojamiento de la gente que viene a dormir y, también, es alto el número de los que vienen a cenar. Estamos con mucho trabajo”, advirtió Alicia Barrigó, presidenta de la Asociación Civil que sostiene al Refugio Nocturno y Hogar de Tránsito “Cura Brochero”.

Desde hace dos años que se intensifica la demanda constantemente tanto en verano como en invierno. Más de 3700 raciones se sirvieron durante el 2017 a quienes iban a comer y a casi 700 personas que pasaron por este lugar en busca de alojamiento, un 30% más que en el 2015 y 2016. Hay alojados que permanecen mucho tiempo y otros que se acercan esporádicamente durante años.

Cada día a las 19 horas esta institución abre sus puertas para dar cobijo a personas en situación de calle, trabajadores golondrinas, mujeres víctimas de violencia de género, visitantes que están de paso por la ciudad y todo aquel que necesite un lugar para pasar la noche.

Hoy tiene capacidad para recibir a 6 mujeres y 13 varones. El refugio estuvo completo hasta el 22 de diciembre y así continuó después del receso cuando comenzó a funcionar el 8 de enero.

Muchas de las personas que se acercan buscan un plato de comida más que a quedarse a dormir. Por esa razón, la entidad ha comenzado a entregar viandas. “La demanda es abrumadora, no damos abasto, hay entre 25 y 30 personas (a veces más) todas las noches a cenar y algunos se alojan. Si más personas necesitan quedarse habilitamos colchones, nunca dejamos nadie afuera porque no hubiera camas”, detalló.

Muchas personas que lograron alquilar antes de la temporada, cuando arranca el verano regresan al refugio porque aumentan hasta un 100% los precios de las habitaciones y ya no pueden pagarlo. También, “hay problemas para poder cobrar en término un sueldo razonable y justo. Son situaciones de injusticia que hay en la sociedad que repercuten de manera más fuerte en algunos grupos sociales”, explicó Barrigó.

 

20 años de historia

Hace dos décadas, un 30 de enero de 1998, nació el Refugio Nocturno y Hogar de Tránsito “Cura Brochero”. Surgió a través de la unión de “Cáritas parroquiales y la pastoral social que existía en la iglesia San José”, recordó la presidenta.

La iniciativa buscó darle una respuesta a la gente que recorría la ciudad pidiendo alojamiento. “Se creó con el objetivo de darle un lugar para dormir a la gente que venía en búsqueda de trabajo o personas que habían sido desalojadas por diferentes motivos”, relató. Sin embargo, con el paso del tiempo empezaron a abordar otro tipo de necesidades y situaciones que complejizaron la tarea.

“Tuvimos que modificar nuestro estatuto y modo de trabajar, para adaptarnos por ejemplo al tema de las personas con patologías psiquiátricas y la violencia de género”, aseguró. “Nos preocupa que va creciendo la demanda y por parte del Estado vemos poca respuesta para solucionar”, añadió.

La asistencia que da el refugio no se limita a ofrecer un lugar para dormir, higienizarse y alimentarse, sino que se busca acompañar a cada persona y tratar de resolver la situación que vive articulando con diferentes dependencias del Estado.

“Hay dos problemáticas sociales importantes en Carlos Paz una es la vivienda y otra es el trabajo, que en nosotros repercuten inmediatamente”, explicó María Elvira Pedrocce, tesorera de la asociación civil. El abordaje de estas áreas sensibles requiere de una política de Estado que apunte a garantizar derechos, promover el empleo, generar programas de asistencia y contención para sectores vulnerados y víctimas de violencia.

No obstante, cuando esa decisión no existe o es insuficiente surge la voluntad, la solidaridad y el trabajo comunitario como intervención ante la urgencia. Así fue como un grupo de vecinos se organizó para dar vida a esta institución.

 

Poner el cuerpo, donar el tiempo

Silvia Molina y Rosa Sarmiento son dos de las encargadas que cada 15 días duermen todas las noches en el refugio para poder atender a todos los que pasan por allí. Graciela y Andrea están la siguiente quincena ocupando ese rol.

“Antes se refugiaba mucha gente que venía por cuestiones de laborales o de paso, pero ahora trabajamos con gente en situación de calle y la mayoría son de Carlos Paz”, afirmó Molina, quien hace dos años es colaboradora.

Desde las 19 horas, reciben a todos los que se acercan, preparan la sopa, toman los datos y hacen una ficha para cada uno de los que se aloja por primera vez. Organizan los turnos para el baño y les entregan los elementos de higiene. Después, los voluntarios que están en la cocina ese día sirven la cena.

“Se van a dormir y nos ponemos a seleccionar la ropa. Al otro día a las 6.30 preparamos el desayuno y a las 8 de la mañana termina el trabajo”, indicó Sarmiento, que está como encargada hace 2 años.

Encuentro y familia son dos palabras que para ellas definen el refugio, por los lazos que se forjan entre personas que tienen diferente carácter e historias de vida. “Me gusta ayudar, nos enseña a ser más humanos”, opinó.

Esta experiencia le ha brindado la posibilidad de “aprender a no juzgar”, advirtió Silvia Molina. “Porque a veces dejamos de lado a la gente que está en situación de calle y detrás de eso hay una historia de vida. Tenemos que aprender a escuchar, autocorregir muchas cosas sobre cómo trato al otro y a dar un tiempo en nuestra vida para esa persona”, remarcó.

Ambas hicieron un pedido a la comunidad, ante las dificultades para encontrar empleo que manifiestan quienes recurren el refugio. Así lo manifestó Molina: “Falta en Carlos Paz el dar trabajo, porque ellos están dejados de lado en este tema. Hay que dar la oportunidad si no vamos a tener siempre gente en la calle. Hay discriminación todavía, no todo el mundo les alquila o piden muchos requisitos”.

Asimismo, Cesar David García Mendoza apeló a la solidaridad de los vecinos: “Tratemos de ayudar aunque sea con lo más mínimo indispensable a nuestros propios hermanos que realmente lo necesitan”.

García Mendoza es uno de los voluntarios, específicamente está a cargo de la cocina los jueves, pero hace 20 años recurrió al Refugio Nocturno y encontró un lugar de contención que lo acompañó en algunos momentos difíciles de su vida. Hace 10 años que va a cocinar, para “ayudar y devolver lo que me dieron, es una gran satisfacción”, aseveró.

“Rita fue una de las fundadoras, ella me hizo entrar. Fui viniendo más seguido hasta que caí enfermo, me ayudaron a operarme y la rehabilitación la hice acá. No me despegué nunca más, siempre que tengo un problema recurro a este lugar. Para mí es como mi segunda familia”, expresó.

Estuvo alojado durante una situación de desamparo y hoy brinda generosamente su ayuda para otras personas que se encuentran sin hogar. “Conozco las dos partes, del lado que necesita mucho y del lado de la persona que trabaja y viene a colaborar sin interés y sin pedir nada a cambio”, valoró.

“Esa es la función del refugio, ayudar en el primer momento hasta que puedan trabajar, desenvolverse solos y alquilarse su lugar. Es un empujoncito, un trampolín para adelante para que la gente no sufra tanto, no duerma ni pida comida en la calle. Acá hay siempre están las puertas abiertas para todos”, destacó.

 

¿Cómo sostener la tarea? Papel, trabajo voluntario y aportes solidarios

La tarea diaria se sostiene con cerca de 35 voluntarios que asumen distintos roles colaborando en la cocina, como encargados o integrando la asociación civil. No obstante, por la intensa demanda cada día se necesitan más manos solidarias.

Ante la gran acumulación de papel y cartón donado, surgió la necesidad de conformar un equipo de voluntarios que se aboque a la tarea de clasificación. Vale recordar que una parte de los costos del refugio se cubre con la venta del material a una empresa cordobesa que se encarga de su reciclado. Todos los meses de septiembre se impulsa la “Campaña Solidaria del Papel” con el objetivo de intensificar la recolección, pero se recibe durante todo el año.

Otro de los aportes al sostenimiento económico de la institución es un subsidio municipal que, este año, es de 18 mil pesos mensuales y en el 2017 fue de 15 mil. Esto significa una suba de alrededor del 20%, por debajo de la inflación que fue de un 24% en el 2017.

“Más o menos es la actualización que vienen haciendo año tras año. En su mayoría se gasta en el alquiler y en los servicios. Hay una ordenanza, es decir que automáticamente esté el gobierno que esté tienen que darnos el subsidio”, explicó Barrigó.

También, se reciben aportes de aproximadamente 30 socios que colaboran mensualmente con un promedio de $100. A esto se suman las donaciones de ropa, productos de higiene y limpieza y alimentos que entregan vecinos, instituciones y comerciantes de la ciudad.

 

Un deseo para el refugio

Este martes el Refugio Nocturno y Hogar de Tránsito “Cura Brochero” cumple 20 años. Cada aniversario es una oportunidad para recorrer lo hecho durante dos décadas de incansable trabajo, pero también proyectar un futuro para seguir fortaleciendo el trabajo comunitario. Esto sin claudicar ni un paso en la pelea diaria para que el Estado en todos sus niveles intervenga en garantizando los derechos de los sectores vulnerados y marginados en nuestra sociedad.

“Nos motiva la injusticia que vemos permanentemente. Eso provoca en nosotros un desafío y pensar que hay que luchar, que uno no puede quedarse con los brazos cruzados, una vez por mes llevar una bolsa de alimentos y con eso tranquilizar la conciencia. Hay que involucrarse en las problemáticas más allá de los dolores de cabeza que puedan traer”, enfatizó Barrigó.

Esta institución trabaja con la gente que es “más rechazada en toda la sociedad”, sostuvo, por lo tanto parte de la tarea es seguir derribando prejuicios y ejercitar la comprensión. “No podemos eludir problemáticas sociales que las tenemos delante de los ojos todo el tiempo. Eso te llama a ver qué es lo que desde mi lugar puedo hacer”, se explayó la tesorera.

El deseo de todos los que forman parte del refugio es que “cada vez  haya menos gente en la calle y más oportunidades de todo tipo sobre todo en la educación y el trabajo”, así lo resumió Molina. Otro sueño es que “tenga su propio espacio físico, esperemos que alguien sea generoso y nos ayude a construir”, dijo García Mendoza.

La idea es poder ofrecer más habitaciones, más camas y mejores condiciones de alojamiento para contener a la altísima demanda, siempre apuntando a que en el futuro sea la acción del Estado la que impida que la gente llegue a quedarse en la calle.

Mauro está en el refugio desde octubre del año pasado. “Quiero seguir avanzando y que esto siga funcionando para quien necesita un techo”, subrayó. Esa intención es compartida por Rodolfo, que considera a este espacio como un ámbito de transición para lograr el proyecto de una vivienda propia.  “Mi sueño para mi vida es dejar de consumir, volver a formar una familia y tener un lugar donde vivir. Acá llegue por algo y me está haciendo bien”, recalcó.

Rodolfo encontró en el grupo de gente que lleva adelante esta institución el acompañamiento necesario para llevar su tratamiento por consumo problemático de sustancias. “Me vine a quedar hasta que me rehabilite un poco, porque acá me siento más contenido. Estoy agradecido por el trato y la mano que me están dando para tratar de poner lo mejor hasta que pueda hacer mi vida normalmente”, continuó.

“Te hacen recordar que podes ser alguien. Eso es lo bueno que tienen. Gracias a ellos no estamos tirados en la calle”, sentenció. Y con esa frase condensó dos décadas de esfuerzo y compromiso social para poder asistir a personas en un contexto de extrema vulnerabilidad y garantizarles alojamiento y comida.  Pero también, ayudarlos a recuperar su dignidad, acercarse a su familia, obtener atención médica, regresar a sus lugares de origen, protegerlos de una situación de violencia, abandonar prácticas que afectan su salud y obtener trabajo para poder desarrollar su proyecto de vida.

Todas las personas que construyen día a día el Refugio Nocturno y Hogar de Tránsito “Cura Brochero” son testimonio viviente de la respuesta popular ante la desidia del Estado hacia los que menos tienen, hacia aquellas personas que están expulsadas a los márgenes de un sistema pensado para el enriquecimiento de unos pocos. Carlos Paz debería celebrar la existencia de este espacio autogestionado y sostenido por los vecinos y desear que en el futuro no sea necesaria su existencia, porque se haya logrado consolidar una política pública con la inclusión social y la redistribución de la riqueza como ejes inclaudicables.

 

Campaña 100 x 100

Esta propuesta es una forma de recaudar fondos que se impulsa todos los años para que 100 amigos del Refugio Nocturno y Hogar de Tránsito “Cura Brochero” contribuyan con $100 por única vez para el sostenimiento de esta institución. “Es un aporte solidario. Nosotros con eso tratamos de equilibrar las cuentas del año anterior para que no nos cierren en rojo. Nos sirve para hacer reparaciones, mantenimiento y cubrir gastos que van surgiendo en esta ápoca”, explicó Pedrocce.

En lo que va del 2018 ya han colaborado cerca de 80 personas. “Siempre hemos mantenido el monto y la respuesta es buena. Esperamos poder completarlos y superar ese número”, estimó.

Cabe recordar que desde el año 2008, en el refugio idearon una forma de generar fondos genuinos para sostener la tarea de la institución: la recolección de papel y cartón.  Se reciben: diarios, revistas, cartones, papel blanco y folletería. No se acepta papel carbónico, servilletas usadas, papel fotográfico o papel de fax.

Esta acción tiene dos finalidades: por un lado, generar los ingresos económicos para sostener la enorme tarea social que lleva adelante a la institución; y por el otro, claro está, la protección del medio ambiente, ya que todo el material recolectado, se recicla. Las expectativas son llegar a juntar 20 mil kilos por mes para poder equilibrar las cuentas.

“Nos han ofrecido juntar tapitas y ampliar el tema del reciclado. Queremos ver si tenemos mano de obra para aceptar esta propuesta”, afirmó Barrigó y advirtió que, “un objetivo del refugio es abrirnos a la sociedad e involucrarnos en otros problemas que son situaciones de injusticia como el tema del desmonte y el cuidado del medio ambiente”.

Los interesados en colaborar deben comunicarse al teléfono 03541-429455 o acercarse a la institución, ubicada en Avenida Cárcano 224 todos los días a partir de las 19 horas.

 

Nota correspondiente a la edición n° 499 del semanario La Jornada, del 29 de enero de 2017.

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