Por Evelina Ramírez

Norman Briski en la Coopi - Foto Adriana Fossa (1)A sala llena y con un interesante debate político e ideológico, el viernes pasado se presentó en la sede central de la Coopi el libro “Mi política vida”, con la presencia del actor y dramaturgo, Norman Briski, y del periodista y escritor Carlos Aznarez.

El libro representa una conversación a fondo entre Briski y Aznarez, donde el actor y director reflexiona sobre su propia experiencia política de juventud y el exilio.

“Nos pareció bueno testimoniar todas las vicisitudes que significó mi vida política. Hay una especialidad de las sociedades que si uno tiene una actividad militante, y es artista, generalmente se queda con la artística y no quiere saber nada de nuestro compromiso.

Norman Briski en la Coopi - Foto Adriana Fossa (2)“Me pareció bueno que hubiese una versión de algunos acontecimientos tan importantes que ocurrieron en nuestra historia, que tuviesen el testimonio de quien no era un militante solamente sino que también había tenido una actividad cultural extensa. Porque esa experiencia tiene otras características en términos de expresión. Me pareció importante que quedaran testimonios de esa visión de los acontecimientos, desde la mirada de un artista comprometido con lo social”, dijo Briski en diálogo con VillaNos Radio.

“Es mi política vida, su política vida, nuestra política vida. Las vidas de los dos están muy relacionadas en todo lo que fuimos haciendo”, resumió por su parte Aznarez.

La amistad entre Briski y Aznarez comenzó hace 45 años, cuando militaban en el Peronismo de Base, agrupación vinculada a las Fuerzas Armadas Peronistas. “Como trabajábamos en barrios carenciados, decidimos armar un frente cultural al que denominamos Grupo de Arte Popular Octubre. Hicimos una primera jornada de arte popular en la iglesia de San Francisco Solano (Buenos Aires). Esa iglesia tenía como párroco a Jorge Bernazza, un cura tercermundista que lo habían acusado de ser colaborador de Montoneros en la ejecución de Aramburu.

“Bernazza no tenía nada que ver con esos hechos. Pero sí tenía que ver con el hecho de que muchos de los chicos jóvenes que iban a hacer catequesis, luego habían trabajado también en programas de alfabetización en el ‘Impenetrable’ de Chaco. En esa iglesia hicimos una jornada y allí nos presentó el compañero Pepe Aguilar. Era un compañero revolucionario que lamentablemente ya ha fallecido. Él no puso en contacto”, recordó Aznarez.

 

Kirchnerismo ¿revolucionario?

Norman Briski y Carlos Aznarez en la Coopi - Foto Adriana FossaLo cierto es que la presentación del libro de Briski disparó un interesante debate entre los expositores y los presentes. Tanto Briski como Aznarez plantearon sus críticas al proyecto kirchnerista, reconociendo los avances que se han dado, pero haciendo fuerte hincapié en los límites de lo conseguido hasta el momento.

El trasfondo del cuestionamiento tiene que ver con que la propuesta K no critica las desigualdades y concentración de recursos que genera el sistema capitalista. De hecho, no cuestiona al capitalismo ni le plantea tensiones. En ese sentido, expresaron que de esa manera es imposible emprender un verdadero camino hacia el socialismo real que plantea modelo como el de Venezuela, Bolivia o la misma cuba.

“La revolución es un cambio profundísimo. En los últimos años se han producido dos o tres revoluciones. Parecía que se acababa todo con el sandinismo, pero Chávez y Evo produjeron revoluciones. Cuba siempre fue el faro, pero después vinieron otros. Esto quiere decir que se puede. Hay que tener voluntad política para plantear el socialismo”, dijo Aznarez.

“El reformismo es una forma de mantener la dependencia con el capitalismo. El progresismo es la gran mentira de cambiar algo para que todo siga igual que antes”, dijo por su parte Briski.

En este sentido, planteó que vivimos en un momento de mucha ambigüedad. “La actualidad es una moneda con dos caras que son lo mismo. Todos están en el capitalismo. Nosotros somos el canto, que nunca cae parada esa parte. Todo es ambigüedad, no hay contradicciones. Las contradicciones sin dinámicas, permiten el cambio, movilizan. Las ambigüedades no permiten nada de eso.

“La disputa que se plantea es qué modelo capitalista vamos a votar. El más salvaje o el menos salvaje. ¿No serán todos los capitalismos salvajes? ¿Tenemos que aprender más todavía sobre lo que significa envenenar el planeta? ¿Tenemos que aprender más todavía de que no hay ningún capitalismo generoso? ¿Qué no hay ningún consumo que no envenene?”, se preguntó Briski.

En la misma línea, tanto Aznarez como Briski cuestionaron que se mantenga en pie el modelo extractivista y los beneficios que el gobierno nacional le ha otorgado a las grandes corporaciones mineras y productoras de agrotóxicos, como Monsanto.

También hubo críticas a las políticas de inclusión por considerarlas “hipócritas”. “Hay una hipocresía con respecto al ‘otro’. La presidenta dice ‘la Patria es el otro’. Pero es el otro que sigue lo que vos estás pensando”, cuestionó primero Briski. Apelando a una metáfora sostuvo que, “no puede ser que la inclusión sea tener acciones en la empresa”.

“La inclusión es que un pueblo pueda ser dueño del sistema productivo; no que lo incluyan en el negocio que significa producir. Como sucede con los actores, que los pueden incluir en las ganancias de una película. Yo nunca acepté la idea de ir a porcentaje de nada, porque te convertís en patronal y perdés tu dignidad. Porque si viene un trabajador y te dice: ‘Che, a mí no me pusieron en escala, uno le dice: “Bueno, disciplinate. Yo ya estoy de patronal y necesito que trabajes para mí’. ¿De qué inclusión estamos hablando?”, se interrogó.

Y remató: “Inclusión no puede ser desclasarse. Eso es perder tu identidad”.

Además planteó que nada está marcado, que el camino a emprender se define discutiendo, entre compañeros y tratando de intervenir en lo más cercano que se tenga.

“La pregunta es ¿en qué estamos y que se puede ir modificando? Porque los cambios que se pueden hacer, no hay que tomarlos en lo molar, pensando ‘vamos a cambiar el mundo’. No. Hay que preguntarse en que está uno, cerca de quienes y qué cosas de ese lugar se pueden ir modificando”, expresó el dramaturgo.

Y Aznarez completó: “No hay que resignarse y pensar que sólo hay dos caminos. Esto o lo otro. Hay que reivindicar el pensamiento crítico”.

Casi al cierre, Briski también habló de la revolución y de las utopías. “La cultura es una herramienta política. A veces somos muy atacados porque estamos en esa cosa de la idealización y la utopía. Pero en realidad, las cosas más hermosas que ha realizado la humanidad han sido a consecuencia de tener una utopía.

“Hay una consideración sobre lo utópico como si fuera la expresión de lo imposible. Y yo les aseguro, porque la historia así lo demuestra, que sólo las utopías fueron las que convirtieron y revolucionaron la humanidad. Hay que amar la utopía y querer lo imposible”.

 

Sobre los autores

Norman Briski: es actor, director, dramaturgo maestro. Como actor, participo en más de 70 películas cinematográficas, programas de televisión, ficciones diarias, unitarios. Fue nominado 5 veces al Premio Martin Fierro por su actuación, y ganó dos. Como dramaturgo fue ganador del Premio Clarín por mejor obra teatral en el año 2001, por Rebatibles, obra que también dirigió. Hace 28 años fundó el Teatro Calibán, que sigue en funcionamiento, donde se desempeña como maestro. También fue maestro en la Tuff`s University en New York, EEUU, y además brindó dos conferencias de teatro popular en la Columbia University. Tiene publicados seis libros de obras de teatro y cuentos y la novela “Nagasaki de Memoria”.

Carlos Aznarez: es periodista y escritor. Director del Proyecto Comunicacional Resumen Latinoamericano (prensa-radio-TV). Analista de política latinoamericana e internacional. Colabora actualmente con RT TV e Hispan TV, además del diario en lengua vasca: “Berría” Escribió entre otros libros: “Rebeldes sin Tierra. La historia del MST de Brasil”, “Los sueños de Bolívar en la Venezuela de hoy”, “Palestina: Una Nación, un Pueblo”, “Hugo Chávez: Nacionalismo y Socialismo” y “Norman Briski: Mi política vida”.

 

Fotos: Adriana Fossa

 

Nota correspondiente a la edición n° 371 del semanario La Jornada, del 14 de junio de 2015.

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