Por Evelina Ramírez

Tapa_369_la_jornada_31-05-15Probablemente el peligro mayor que viven nuestras sociedades no es el cambio climático, ni ningún asteroide cercano que pueda llegar a entrar en la órbita de desplazamiento de nuestro planeta. No es la naturaleza la principal amenaza de la humanidad. Quienes ponen en riesgo la existencia diaria de millones de personas en este mundo son otras tantas personas que, movidas por diversas motivaciones, tratan de resolver sus diferencias y/o necesidades que surgen de la relación con el otro a través del uso de la violencia.

Sus manifestaciones son tan complejas como lo es la vida misma de la sociedad, por lo que no se trata de un fenómeno marginal.

Cada sociedad, a lo largo y ancho de la historia de la humanidad, ha establecido las formas, contenidos y límites en el uso de la violencia. En este sentido, debemos tener presente que el conflicto es parte constitutiva de lo que somos, ya que el ser humano no se comporta nunca de la misma forma y, por ello, tiende en ocasiones a entrar en disputa con otros congéneres. De allí que el problema no es la violencia en sí, sino cómo ésta es significada y aplicada actualmente por parte de unos Estados hacia los seres humanos, y éstos a su vez hacia otros seres humanos.

No debemos de olvidar que gran parte de los derechos y libertades que hoy poseemos no fueron obtenidos a través de consensos y acuerdos realizados pacíficamente, sino mediante la fuerza que los sectores más desfavorecidos u oprimidos debieron emplear para vencer las resistencias de quienes pretendían seguir gozando de prebendas y recursos que obtenían a través de la explotación que se ejercía sobre otros. La Revolución independentista iniciada en mayo de 1810 es un claro ejemplo de ello.

Por tanto, el problema que se presenta en nuestras actuales sociedades capitalistas es el hecho de que la manifestación de esas distintas expresiones de violencia no se halla encuadrada y encorsetada en determinados patrones culturales, sino que parecen hallarse libres de toda contención de significados socialmente construidos y consensuados. Al no encontrar límites culturales de ningún tipo como en otros tiempos, esta racionalidad ilimitada en el uso de la violencia ha permitido extender la relación asimétrica de poder que el ser humano había establecido con la naturaleza -en el sentido de cosificar a los seres vivientes que nos rodean-, a la propia relación que las personas entablan entre ellas mismas.

Como sostiene Zygmunt Bauman, los valores transmitidos por la sociedad de consumo han transformado al ser humano en la propia razón de ser de este tipo de cultura. Es decir, que lo han convertido en un objeto a ser comprado o apropiado por otros.

En el caso de la relación entre hombres y mujeres, lo que se conoce como violencia de género no es un dato nuevo. Por siglos, la afirmación de una cultura patriarcal y fuertemente machista condenó a la mujer a vivir bajo la sombra de sus tutores masculinos (padres o esposos), debiendo ocuparse solamente del ámbito hogareño y la crianza de sus hijos. La autoridad masculina permitía que sus detentores desplegaran toda una serie de imposiciones disciplinadoras que se manifestaban, en sus expresiones más vivibles de poder, a través de distintos tipos de acciones violentas.

A pesar del avance que se ha logrado en materia de reconocimientos legales y sociales hacia las mujeres, todavía subsiste este sustrato cultural machista que busca establecer un patrón de poder entre el hombre y la mujer.

Lamentablemente, esta concepción de poder en las relaciones de género se ha visto reforzada no ya por una tradición cultural que consideraba a la mujer como un menor que debía obedecer al mandato masculino adulto, sino por una apreciación de la misma como un objeto más a ser apropiado, consumido y tratado como tal.

Esta cosificación de la mujer es fomentada por una cultura consumista que tiende a valorizar al cuerpo femenino como medio de acceso al placer, principio fundamental sobre el que se estructura el ideal de felicidad individual que se quiere alcanzar.

Programas de televisión, carteles publicitarios, propuestas teatrales de verano, etc., proyectan una imagen hegemónica de la mujer como un determinado cuerpo a ser consumido, el cual es desechado cuando el mismo no cumple los estándares de atractivos que estimulan la atención de los consumidores.

De este modo, si ese cuerpo no responde a las expectativas del mercado, sufre lo que sufre cualquier otro objeto o mercancía: el rechazo de quienes se ven como sus propietarios.

La impregnación de estos valores consumistas y machistas en las relaciones de género explican, en buena parte, las manifestaciones extremas y deshumanizadas de violencias de género que vienen conmoviendo a la opinión pública desde hace varios años. La agresión no guarda ningún atisbo de respeto mínimo a la integridad femenina, como quien se cree con derecho de tratar a alguien como una cosa inanimada. El grado de violencia aumenta o disminuye a partir de otras variables, como las experiencias de vida o las condiciones materiales de existencia, pero la razón última es la cosificación que se proyecta hacia la mujer desde una matriz cultural consumista.

Ante esta situación, desde diferentes organizaciones de la sociedad civil se vienen expresando no sólo en la denuncia de la gravedad que ha adquirido la problemática de la violencia de género, sino también en la elaboración de propuestas legislativas y políticas sociales tendientes a abordar efectivamente la resolución de la misma.

De esta forma, se lograron algunos importantes avances, como la inclusión del femicidio como figura del Código Penal y la legitimidad alcanzada en gran parte de la sociedad de la no tolerancia hacia la violencia ejercida sobre la mujer.

Pero, dado el panorama actual, todavía queda mucho camino que recorrer.

Desde La Jornada hemos decidido abordar esta problemática social en la búsqueda no sólo de contribuir a erradicar esta forma de violencia, sino también de ir promoviendo la generación de un espacio más amplio en donde todas las manifestaciones de violencia contra los derechos humanos (como, por ejemplo, la violencia institucional) sean en algún momento un mal recuerdo del pasado.

 

La vía legal contra la violencia de género

La sanción en el año 2009 de la ley nacional 26.485 representó un hito trascendental en la lucha contra la violencia de género. Por fin, se constituyó un marco legal que, como bien expresaba su lema argumental, tenía como objetivo fundamental “prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que desarrollen sus relaciones interpersonales”.

En lo que respecta a la definición que brinda sobre qué significa la violencia de género, la explica como “toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta, tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, como así también su seguridad personal. Quedan comprendidas las perpetradas desde el Estado o por sus agentes. Se considera violencia indirecta, a los efectos de la presente ley, toda conducta, acción omisión, disposición, criterio o práctica discriminatoria que ponga a la mujer en desventaja con respecto al varón”.

Asimismo, la ley establece que hay que tener en cuenta que la agresión física es sólo una manifestación de la misma, por lo que es más correcto hablar de violencias. De allí que en dicho marco legal se establecen otras expresiones violentas contra las mujeres, como la psicológica, la sexual, la económica y patrimonial, y la simbólica. Dicha normativa, además, define cuáles son las manifestaciones más comunes en donde se visibilizan estas expresiones de violencia, como las que ocurren en los ámbitos laborales, domésticos e institucionales, entre otros.

Según esta ley, el Consejo Nacional de la Mujer es el organismo rector encargado del diseño de las políticas públicas para efectivizar las disposiciones previstas en la misma.

La lucha contra la violencia de género también se vio reflejada en el campo jurídico. En el 2012 el Congreso Nacional sancionó la ley 26.791, la cual dispuso algunas reformas al Código Penal. Una de ellas fue la incorporación del femicidio como figura agravada del delito de homicidio simple. En este sentido, la reforma introdujo la modificación y ampliación del inciso 1º del artículo 80 de dicho código, fijándose una pena de reclusión o prisión perpetua para quien matare a su “ascendiente, descendiente, cónyuge o a la persona con quien mantiene o ha mantenido una relación de pareja, mediare o no violencia”.

Con respecto al inciso 4º del mismo artículo, se incorporó la motivación por odio “de género, o a la orientación sexual, identidad de género o a su expresión”, mientras que el inciso 11º precisa concretamente la figura del femicidio, a la cual define como el crimen de una mujer producto de la violencia de género. Las penas previstas para este tipo de delito es la de reclusión o prisión perpetua para quien matare a “una mujer cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de género”.

 

El cumplimiento efectivo, materia pendiente

Como hemos podido ver, los avances legislativos y jurídicos tendientes a resolver la violencia de género han sido muy importantes. Sin embargo, todavía queda mucho por hacer.

En las últimas semanas se viralizó la convocatoria en todo el país a la marcha que se realizará este miércoles 3 de junio. “Ni una menos es la consigna” y, entre otras cosas, lo que se reclama es la plena aplicación de la Ley Nacional Nº 26.485, ley de protección integral a la mujer, con protocolo provincial y presupuesto acorde.

Las respuestas normativas y represivas están lejos de ser las únicas herramientas posibles para abordar esta problemática. Como siempre, la prevención es la mejor herramienta, y en esto es fundamental construir el camino hacia una contracultura hegemónica, donde las relaciones entre hombres y mujeres dejen de estar teñidas de la cosificación y la alienación que nos propone la sociedad de consumo y vuelvan a nutrirse de los valores humanistas que expresan lo mejor de las tradiciones ideológicas, políticas y sociales que nos rodean.

En ese trayecto, mientras tanto, debemos seguir bregando por el cumplimiento de las leyes actuales y la puesta en práctica de proyectos y planes de asistencia que atiendan a la coyuntura inmediata.

Y, en esto, como parte de los medios de comunicación tenemos una responsabilidad muy grande. No debemos de olvidar que como expresa la ley 26.485 una de las manifestaciones de la violencia de género es la mediática, la que ocurre cuando “aquella publicación o difusión de mensajes e imágenes estereotipados a través de cualquier medio masivo de comunicación, que de manera directa o indirecta promueva la explotación de mujeres o sus imágenes, injurie, difame, discrimine, deshonre, humille o atente contra la dignidad de las mujeres, como así también la utilización de mujeres, adolescentes y niñas en mensajes e imágenes pornográficas, legitimando la desigualdad de trato o construya patrones socioculturales reproductores de la desigualdad o generadores de violencia contra las mujeres”.

Un cultura relacional humanizada, democrática, desmercantilizada, y descosificada no sólo es posible, sino un deber ineludible. Será entonces cuando “Ni una menos” haya dejado de ser una meta a cumplir para pasar a ser la expresión de una realidad concreta.

 

#NiUnaMenos en Villa Carlos Paz

La convocatoria en Villa Carlos Paz es para este miércoles 3 de junio a las 18 hs. en la Plaza del Avión. Como en todo el país, será una jornada de concientización sobre la violencia de género. Habrá actividades culturales y expresiones artísticas.

 

Otro aporte para concientizar

#NiUnaMenosEn este marco, una pareja de serígrafos propone a los asistentes llevar una remera para imprimir diseños que multipliquen este mensaje para decir basta a los femicidios.

Romina Lobosco junto a su marido Diego Rodríguez y Noelia Gallardo pintarán remeras, buzos y trapos.

“Nuestra idea es apoyar la convocatoria. Estamos a favor de la concientización a la sociedad sobre este tema. Desde nuestro humilde lugar, nuestro taller, pensamos en una forma en que esto no sea solo el 3 de junio sino que quede en el tiempo, entonces por medio del arte vamos a proponer que cada uno tenga su remera no solo el 3 sino que esto quede y siga circulando y concientizando a la sociedad”, explicó Romina.

Sobre la actividad a realizar precisó que, “hicimos un diseño con el lema #NiUnaMenos y también tenemos el diseño de una colega de San Antonio de Arredondo y vamos hacer estos dos estampados. Lo único que pedimos es que la gente lleve su remera, su buzo o un trapo. Vamos a llevar papel para el que no pueda llevar una remera”.

“Nosotros vamos a estar en el lugar desde las 18 el mismo día con nuestra mesa y los equipos de serigrafía y a medida que la gente se vaya acercando vamos a ir estampando hasta que nos quedemos sin tinta”, cerró.

 

El Concejo declaró de “Interés Legislativo” la jornada contra el femicidio

El Concejo de Representantes de Villa Carlos Paz resolvió declarar de Interés Legislativo la “Jornada nacional contra el femicidio” que se desarrollará el 3 de junio en la Plaza del Avión, entre Av. San Martín y Costanera, desde las 18.

Sobre este tema fueron presentados dos proyectos similares por parte de los ediles Marcelo Sargiotto y Adrián Lizarriturri, que finalmente fueron unificados y el punto se aprobó por unanimidad.

Entre los fundamentos se sostuvo que Villa Carlos Paz “no está ausente a esta problemática, siendo sacudida con la desaparición y posterior muerte de la señora Andrea Castana; sin dejar de considerar los casos de violencia que no llegan al femicidio, pero que provocan graves consecuencias hasta incapacidades de mujeres  y que no son denunciados oportunamente”.

 

Nota correspondiente a la edición n° 369 del semanario La Jornada, del 31 de mayo de 2015.

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4 COMMENTS

  1. Estimada Evelina Ramirez: Excelente tu artículo sobre la violencia de género. Coincido con tu análisis sobre la causa fundamental del desgraciado fenómeno que vivimos. El consumismo, la cosificación de la persona humana, ese individualismo que Bauman encuadraba dentro de la “modernidad líguida” nos ha llevado a la degradación del ser humano y al desprecio por la vida humana. Quiera Dios que muchos comiencen a pensar en estos temas, y se animen a escribir o al menos conversar sobre los mismos. Sabemos lo difícil que es abordar estas cuestiones. Mi felicitación. Un cordial saludo. Raul Bonadero

  2. Excelente tu artículo sobre la violencia de género. El consumismo, la cosificación de la persona y el exponencial crecimiento del individualismo nos va llevando al desprecio por la vida humana y a esa “modernidad líquida” de la que nos hablaba Z.Bauman. Ojalá muchos se animen a hablar y a escribir sobre estos temas, difíciles de abordar, pero muy útiles y constructivos, aunque seamos simples aficionados en la materia. Un cordial saludo. Raul Bonadero

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